DISCURSO PARA LA
INAUGURACIÓN DE LA ERMITA DE LA CARRERA.
Autoridades civiles, religiosas,
culturales, cofradías, coro y orquesta MUSICALMA, a los que me siento muy unido
a través de miembros como Diego, Juan Antonio, Domingo, Inma Salcedo, mi
querida compañera y amiga, y que habéis querido unir vuestras voces a este acto
tan entrañable.
Señoras y señores. Queridos
paisanos:
Puedo, debo y quiero
comenzar esta exposición en este emblemático lugar desde el que se divisa entre
norte, sur, este y oeste, nada más y nada menos que 22 pueblos de nuestra
provincia de Jaén. Si la misma tiene 97 municipios, quiere decirse que desde
este mirador natural jabalquinteño se controla visualmente el 22,66% de ellos.
De ahí que a Jabalquinto se le haya conocido, históricamente como “lugar
estratégico”.
Comencemos con unos breves
datos históricos sobre nuestro pueblo para continuar con una mención especial a
cada una de las ermitas que han existido en nuestro término rural y municipal,
para dedicar el fin de mi exposición al principal motivo que hoy nos reúne
aquí: La inauguración de nuestra querida Ermita, uno de los emblemas del pueblo.
DATOS HISTÓRICOS SOBRE
JABALQUINTO
Día
Sánchez de Viedma repuebla Estiviel en 1347.
Su
hijo Men Rodríguez de Biedma, en 1368 recibe de su primo Juan Alfonso de
Benavides “el mozo”, que muere sin descendencia, el patrimonio y se cambia el
nombre por el de Men Rodríguez de Benavides.
En
1371, Enrique II le otorga el señorío de Santisteban por haberle ayudado en la
guerra civil.
Día
Sánchez de Benavides, en 1406, hace testamento entre sus tres hijos (Men, Gómez
y Manuel), correspondiéndole a Manuel: Jabalquinto, Estiviel, Ventosilla,
Espeluy y la Roda de Mengíbar.
Entre
1441 y 1446 se constituye el señorío de Jabalquinto.
En
1502, Juan de Benavides establece mayorazgo (institución del Antiguo régimen por
el cual, el hijo mayor, varón, heredaba los derechos de sucesión). En este
caso, su hijo, Manuel II. El mayorazgo incluía: Jabalquinto, Estiviel y
Ventosilla.
Esta
época es el momento álgido del señorío y en él se construyen los palacios de
Jabalquinto, en Baeza, a finales del siglo XV y el Palacio de Jabalquinto en
Jabalquinto, en el siglo XVI.
Esta
situación de bonanza continuará hasta mediados del siglo XVII.
En
1617, Felipe III, concede el título de Marqués a Manuel de Benavides III,
casado con Dña. Catalina de Rojas y Sandoval, sobrina de Don Baltasar Moscoso y
Sandoval, obispo de Jaén.
A
partir de 1653 el marquesado pasó a mano de los condes de Benavente que tenían
un patrimonio disperso, dentro del cual, Jabalquinto quedó diluido. Así la
villa quedó en manos de sus administradores, sumiéndose en una dejadez que ya
no desaparecería.
Esta
decadencia continuó tras 1834 cuando el marquesado pasó a pertenecer a los
duques de Osuna, situación que duraría hasta 1881 en que el marquesado se
extinguió.
Esta
situación hizo que el palacio de Jabalquinto, en Jabalquinto, quedara en estado
ruinoso y se demolió a principios del siglo XX, conservándose solo la fachada.
También
quedaron abandonadas las ermitas que se encontraban repartidas por todo el
término rural y municipal. Estas fueron desapareciendo también, poco a poco por
culpa del abandono de las zonas rurales por sus pobladores, por el terremoto de
Lisboa de 1755 y por los duros temporales que tuvieron lugar en el año 1800,
quedando en pie la Ermita de la Carrera al ser acondicionada para vivienda en
el siglo XX.
LAS
ERMITAS
Cinco
son las ermitas que podemos contabilizar en nuestro término y que fueron
construidas entre los siglos XV y XVI, coincidiendo con el momento álgido del
señorío.
Una
ermita es un edificio religioso, pequeño, generalmente de planta rectangular,
con una sola nave, sencillo y austero, dedicado a alguna advocación y con
celebraciones intermitentes dentro de ella. Su fiesta principal se celebra el
día de la advocación a la que está dedicada. Suelen tener un mayordomo que es
nombrado por el obispo de la diócesis y que cuida de ella y la mantiene. Solían
construirse en descampados, a veces con excusas de apariciones.
Las
ermitas tenían un fundador que sostenía, con una donación, al capellán a cambio
de una serie de misas, así ambos obtenían beneficio, el uno, material y el otro
espiritual. En la “Memoria histórica sobre Jabalquinto, Reino de Jaén” de 1797,
corregida en 1816, manuscrita por Mateo Francisco de Rivas y Soriano, con claro
sentido pedagógico, se hace referencia a ellas.
Además,
en un plano a mano alzada, dibujado por él mismo o por alguien de su confianza,
son situadas en su ubicación, en la mayor parte, cuando no por una cruz si ya
habían desaparecido.
Las
de Jabalquinto fueron: San Sebastián, San Cristóbal, San Juan Bautista, San
Bartolomé y la de la Carrera.
ERMITA
DE SAN CRISTÓBAL
En
la documentación del Sínodo de Toledo de 1311 se realiza un listado de las
iglesias giennenses donde no aparecen las de Jabalquinto.
Sin
embargo, en el de 1511 se aporta alguna información. Por tanto, se puede
afirmar que esta ermita se construyó en algún momento, entre 1311 y 1511. En
1654 vuelve a ser mencionada, pero en 1797, en el plano de Mateo Francisco, en
su lugar sólo aparece una cruz. Por tanto, se puede asegurar que desaparecería
entre 1654 y 1797.
A
mediados del siglo XIX, Pascual Madoz la emplaza como unas ruinas al oeste del
pueblo. En el plano de Mateo Francisco de Rivas, de finales del mismo siglo,
aparece una cruz, nombrada como “la cruz del cerrillo”. El lugar exacto sería
entre la cooperativa de Ntro. Padre Jesús y el pequeño barrio de “El cerrillo”.
Aún, los más mayores emplean la expresión “cruz del cerrillo” para nombrar a esta
parte del pueblo.
Si
además conocemos que san Cristóbal ha sido considerado siempre patrón de los
caminantes, ahora también de los conductores, y a unos metros del lugar
transcurre el “Camino de Linares”, entre Jabalquinto y Linares, todo parece
clarificarse.
SAN
JUAN BAUTISTA Y NTRA. SRA. DE LAS MERCEDES
Catalina
de Rojas y Sandoval, en 1600, ordena en su testamento que se erija una ermita
bajo la advocación de San Juan Bautista. La dotación se hace efectiva en 1606
por su esposo Manuel de Benavides III, primer marqués de Jabalquinto.
En
1637, Baltasar Moscoso y Sandoval, obispo de Jaén nombra mayordomo de la
construcción a Diego de la Guardia.
En
1643 se erije a favor de los marqueses el patronato de la ermita ahora también
bajo la advocación de Ntra. Sra. De la Encina. El documento la sitúa
extramuros, sin concretar más.
Es
muy posible que la fundación de la Ermita tuviese como objetivo trasladar la
imagen de San Juan desde la parroquia, donde disponía de un altar.
A
mediados del XVII, con la llegada de los Benavente, los bienes del marquesado
se diluyen entre sus posesiones, quedando muy desatendidos.
En
1755 se nombra a Manuel Felipe Balvuena, nuevo capellán de la ermita, ahora
conocida como “de las Mercedes”.
A
partir de ahora habrá errores en la denominación de los nombres de la ermita,
con lo que se evidencia la dejadez que sufre el marquesado de Jabalquinto bajo
el poder de los Benavente.
Sería
Mateo Francisco de Rivas y Soriano quien en 1797 haría una descripción más o
menos útil del edificio incluyendo detalles importantes como la construcción de
una media naranja para la imagen de Ntra. Sra. De las Mercedes y un camarín
para trasladar la “Venerada y milagrosa efigie de Ntro. Padre Jesús Nazareno
desde la parroquia”.
SAN
SEBASTIAN
La
más desconocida de todas. No sabemos el lugar de su ubicación pero sí sabemos
de su existencia, ya en 1654.
En
la Memoria histórica de Mateo Francisco de Riva, se nombra, simplemente, pero
ya no estaba en uso.
IGLESIA/ERMITA
DE SAN BARTOLOMÉ
En
el año 1577, ya existía esta ermita en el poblado de Estiviel, conocido en la
actualidad como cortijo de las Huelgas.
A
mediados del siglo XVII aún mantenía alguna actividad de culto.
Jimena
Jurado habla que tenía un prior y de cómo se repartían las rentas obtenidas de
su función.
Para
1716 esta iglesia se encontraba ya en un estado deplorable, tanto que llegó
hasta el lugar el visitador del obispado ordenando su inmediata reparación para
que se pudieran seguir diciendo misas.
Tan
solo veinte años más tarde, el obispo, Manuel Isidro de Orozco Manrique de
Lara, mandó clausurar el edificio por el mal uso que hacían de él los pastores
y las gentes del lugar, “pasando las noches más desapacibles en el interior del
mismo con su ganado y practicando otras indecencias”. Ordenó, de igual modo,
destruir una imagen, en piedra, de san Bartolomé y enterrarla en el lugar, y
adosar una cruz de piedra en el muro más consistente del edificio “para que se
supiera que aquel lugar era sagrado”.
ERMITA
DE LA CARRERA
De
todas las ermitas de nuestro suelo la única que queda en pie y ahora, como
podemos observar, magníficamente restaurada, es la popularmente conocida como,
simplemente, “La Ermita” o “La Ermita de la Carrera”.
Muy
posiblemente, ahora la podamos contemplar porque sus anteriores dueños la
habilitaron para vivienda, ya en el siglo XX. Su anterior y anacrónico tajado
lo delata, al igual que los vanos abiertos en distintos lugares del edificio
para dotarla de aire y luz.
Se
trata de un edificio religioso del siglo XVII, situado en el recinto del
castillo medieval a espaldas del, también recientemente restaurado, Palacio de
los marqueses del Jabalquinto y que ahora sirve de ayuntamiento.
Como
la mayoría de ermitas contemporáneas, muestra un claro estilo conventual, de
planta rectangular, tejado a cuatro aguas y coronado con una espadaña, de un
solo vano, en el que se aloja un campanillo, con sobrenombre de “Andar y andar
y Jabalquinto a la par” que anuncia ahora, con su tañer, la hora en que vivimos,
en otro tiempo la oración o celebración.
Su
sobria fachada contiene dos puertas, ambas enmarcadas con sendos arcos de medio
punto. La mayor, la de los fieles y la pequeña, la del clero conectan lo mundano
con lo religioso. Sobre ellas una pequeña cornisa recorre el liso entablamento
en el que destacan tres grandes piezas de sillar, resaltadas, que parecen
sostener un óculo, ahora cegado y decorado con reloj de forja y que otrora
dotaría de luz natural el interior.
Una
sencilla espadaña, de un solo vano y coronada de cruz forjada, rematan este
bello conjunto.
Siempre
ha habido confusión, en cuanto a su advocación, debido, principalmente a la
asociación, generacional y popular con la ermita de las Mercedes, con datos del
APJ sobre su cerca levantada en 1820 con piedras procedentes del derruido
castillo y con publicaciones como la del profesor e historiados Ruiz Calvente,
y la del seminario permanente Aproximación a la realidad socioescolar en
Jabalquinto, que como fruto vio la luz la publicación “Jabalquinto una pausa en
la historia”, ambas de inicios de los noventa.
Los
jabalquinteños y jabalquinteñas, estamos de enhorabuena, porque a partir de hoy
podremos disfrutar de nuestra ermita, de otra manera.
Disfrutémosla,
pero también cuidémosla para que puedan seguir haciéndolo los hijos de nuestros
hijos y sus hijos.
Gracias
a todos los ciudadanos, gracias al Ayuntamiento que lo ha hecho posible y en
nombre de él a D. Pedro López Lérida como alcalde presidente.
Y
ahora a seguir disfrutando de este histórico momento.
GRACIAS.





