FÚTBOL ES FÚTBOL
Ni
que decir tiene que el deporte nacional es el fútbol, incluso solemos decir que
el fútbol mueve pasiones; tanto es así que el país puede quedar paralizado,
parcial o totalmente, ante cualquier partido decisivo que enfrente a nuestros equipos
punteros en campeonatos internacionales o a éstos, entre sí, en las distintas
competiciones nacionales. No digamos si en las finales, de alto nivel, se
encuentra inmersa nuestra selección nacional, popularmente conocida como “La
Roja”, tanto en versión masculina como femenina como ha ocurrido, recientemente,
con la consecución del campeonato mundial por parte de nuestra selección
nacional femenina y hace unos días, la masculina.
¡Cómo
olvidar el gol de Iniesta o el de Olga, o el de Ferrán Torres!
Esta
pasión, deportivo-social se ha desatado este mismo año, hace apenas un par de
meses, en nuestro pueblo. El C.D. Jabalquinto, un equipo modesto ha hecho
historia con ganas e ilusión al ascender, brillantemente, a la Primera
Andaluza. La masa social, junto a su presidente, Isidro Sánchez Martínez, se
sumó a la fiesta en la pasada tarde noche del día ocho de mayo para festejar
este momento histórico para nuestro equipo y para nuestro pueblo. Un grupo de
chavales, bien organizado, nos ha robado el corazón, andando y andando las principales
calles de la localidad sobre el camión de “Los Cuevas”, entre el entusiasmo
desbordado de la población.
Rastreando
nuestra historia descubrimos que fueron los trabajadores británicos venidos
hasta nuestra tierra andaluza, a finales del siglo XIX, los que trajeron un balón
bajo el brazo echándolo a rodar sobre ella para divertirse y ocupar su tiempo
de ocio al salir de sus entrañas.
En
Rio tinto (Huelva), El Centenillo, Linares y La Carolina (Jaén), se dibujaban
con yeso las primeras ilustraciones del libro del fútbol nacional.
El
primer club inscrito fue el “Club de Recreo de Huelva”, cuya fundación data de
1889.
Hasta
el año 1890 no se celebró el primer encuentro oficial entre el conocido como
“Decano” y el Sevilla.
A
partir del siglo XX los clubes de fútbol comenzaron a expandirse por todo el
país, algunos con la distinción de “Real”, por fundarse en tiempos de la Restauración
Nacional.
La
primera competición conocida fue “La Copa Macaya” creada el 6 de enero de 1891
y celebrada entre 1900 y 1904 en Cataluña.
Sería
en 1902 cuando se llevó a cabo la primera competición nacional, conocida como
“Copa de la Coronación”, hoy “Copa del Rey”.
En
el año 1886, la explotación “Centenillo Silver Lead Company Limited” se instala
en el lugar para extraer los ricos minerales de sus profundidades, al igual que
en La Carolina y Linares. Aún existen, en El Centenillo, el primer campo de
fútbol y cancha de tenis que los mineros construyeron con sus propias manos.
De
esta forma, el fútbol, el tenis o el billar se introdujeron en una sociedad
deprimida por culpa del analfabetismo y la ausencia del deporte y el ocio.
Así,
el entusiasmo por el deporte rey se extiende como la pólvora por nuestra
geografía jiennense, andaluza y española.
En
nuestro propio pueblo, grupos de jóvenes, practicaban el fútbol en las primeras
décadas del siglo XX.
Los
niños, como buenos imitadores, se organizaban entorno a las añoradas “eras”,
donde otrora, los agricultores, en su tiempo sacaban el grano con que sustentar
la vida propia y la ajena.
“La
de D. Jacinto”, “la empedrada”, “el bombo” y otras cuantas más se convertían,
por entonces, en los grandes estadios donde mostrar las grandes virtudes
futbolísticas.
“El
Llano”, lugar amplio y diáfano, se postulaba como terreno oficial donde
celebrar los encuentros locales entre los nuestros y los de los alrededores.
Samuel
y Juanito Vargas, con su delicado olfato comercial, organizaban encuentros con
el objetivo de abastecer de equipaciones y balones a aquellos nutridos grupos
de futbolistas surgidos para la ocasión.
En
la cuarta y quinta décadas del siglo XX convocaban a los jóvenes futbolistas a
encuentros comarcales que, con el único trofeo de la honra de ganar o el
clásico ramo de flores y beso a la guapa de la feria, participaban llenos de
ilusión y amor a lo suyo.
La
competición principal era, sin duda, la “Copa de Feria”, a cuya final acudía el
pueblo en masa que, entusiasmado, animaba con fuerza y tesón a su equipo
distribuyéndose a lo largo y ancho del perímetro del rectángulo de juego. Cada
gol local suponía el anticipo de la traca final, de “el castillo” de fuegos
artificiales anunciador del fin de las fiestas patronales.
En
los primeros años de la década de los sesenta, D. Alberto Pagonabarraga
Gaztelurrutia, cura párroco de la Encarnación, con el sano y santo propósito de
atraer a la feligresía juvenil fundó el “Club de la Juventud”, desde el cual y
a través de la imagen, los juegos y el deporte ejercía, con eficacia, su
pastoral.
Organizaba
partidos en los que se ganaba el derecho de asistencia abonando, previamente,
la escasa cuantía de la entrada a modo de donativo. La recaudación servía para
dotar al club de medios para el entretenimiento, balones y equipaciones
deportivas.
Aún
resuena, en los oídos de los más mayores, aquel famoso dicho que llevaron a la
fama los asistentes a los encuentros, ante la pregunta de los que no pudieron asistir:
-¿Cómo hemos “quedao”?
-“Tres
a cero y Juanillo de portero”; que a la postre se convirtió en el grito de
guerra del éxito, al ser Juan Jurado Martínez el portero del equipo local y no
haber encajado ningún gol.
Asistí,
de niño, de la mano de mi padre, a aquellos concurridos eventos deportivos,
domingueros. El gentío me impedía observar con normalidad su desarrollo. Me colocaba
sobre unos grandes basamentos, rectangulares y octogonales, que circundaban el
terreno de juego y que, en su tiempo, sirvieron de trono a las diversas cruces
de madera que delimitaban el camino del mismo nombre por el que transcurrían
los santos viacrucis que se celebraban cada viernes de cuaresma.
Digno
de recuerdo es el encuentro de fútbol celebrado en la antigua era de “el bombo”,
entre “el yeso” y “la gasolina”, en junio de 1970. Como habrá deducido el
lector los integrantes de ambos gloriosos equipos hicieron honor al nombre
elegido para la famosa contienda deportiva. Los del yeso, jóvenes albañiles, más
en forma como es natural, vencieron a los de la gasolina, expertos conductores,
y el humor y los abrazos sobresalieron aquella magnífica tarde.
A
partir de entonces se fueron sucediendo los equipos en nuestra localidad con
más o menos entusiasmo y organización.
En
la actualidad, como ya conocemos, el C.D. Jabalquinto luce su “Andar y andar”,
en competición oficial por todos los rincones de la provincia acompañado,
multitudinariamente, por la “marea naranja”, llenando los estadios de alegría,
color e ilusión.
Que
no falten nunca en nuestra sociedad el deporte y la cultura como grandes valores
que la dinamiza y la engrandece.










