domingo, 2 de agosto de 2026


 

DISCURSO PARA LA INAUGURACIÓN DE LA ERMITA DE LA CARRERA.

Autoridades civiles, religiosas, culturales, cofradías, coro y orquesta MUSICALMA, a los que me siento muy unido a través de miembros como Diego, Juan Antonio, Domingo, Inma Salcedo, mi querida compañera y amiga, y que habéis querido unir vuestras voces a este acto tan entrañable.

Señoras y señores. Queridos paisanos:

Puedo, debo y quiero comenzar esta exposición en este emblemático lugar desde el que se divisa entre norte, sur, este y oeste, nada más y nada menos que 22 pueblos de nuestra provincia de Jaén. Si la misma tiene 97 municipios, quiere decirse que desde este mirador natural jabalquinteño se controla visualmente el 22,66% de ellos. De ahí que a Jabalquinto se le haya conocido, históricamente como “lugar estratégico”.

Comencemos con unos breves datos históricos sobre nuestro pueblo para continuar con una mención especial a cada una de las ermitas que han existido en nuestro término rural y municipal, para dedicar el fin de mi exposición al principal motivo que hoy nos reúne aquí: La inauguración de nuestra querida Ermita, uno de los emblemas del pueblo.

 

DATOS HISTÓRICOS SOBRE JABALQUINTO

 

Día Sánchez de Viedma repuebla Estiviel en 1347.

 

Su hijo Men Rodríguez de Biedma, en 1368 recibe de su primo Juan Alfonso de Benavides “el mozo”, que muere sin descendencia, el patrimonio y se cambia el nombre por el de Men Rodríguez de Benavides.

En 1371, Enrique II le otorga el señorío de Santisteban por haberle ayudado en la guerra civil.

Día Sánchez de Benavides, en 1406, hace testamento entre sus tres hijos (Men, Gómez y Manuel), correspondiéndole a Manuel: Jabalquinto, Estiviel, Ventosilla, Espeluy y la Roda de Mengíbar.

 

Entre 1441 y 1446 se constituye el señorío de Jabalquinto.

 

En 1502, Juan de Benavides establece mayorazgo (institución del Antiguo régimen por el cual, el hijo mayor, varón, heredaba los derechos de sucesión). En este caso, su hijo, Manuel II. El mayorazgo incluía: Jabalquinto, Estiviel y Ventosilla.

 

Esta época es el momento álgido del señorío y en él se construyen los palacios de Jabalquinto, en Baeza, a finales del siglo XV y el Palacio de Jabalquinto en Jabalquinto, en el siglo XVI.

 

Esta situación de bonanza continuará hasta mediados del siglo XVII.

 

En 1617, Felipe III, concede el título de Marqués a Manuel de Benavides III, casado con Dña. Catalina de Rojas y Sandoval, sobrina de Don Baltasar Moscoso y Sandoval, obispo de Jaén.

 

A partir de 1653 el marquesado pasó a mano de los condes de Benavente que tenían un patrimonio disperso, dentro del cual, Jabalquinto quedó diluido. Así la villa quedó en manos de sus administradores, sumiéndose en una dejadez que ya no desaparecería.

 

Esta decadencia continuó tras 1834 cuando el marquesado pasó a pertenecer a los duques de Osuna, situación que duraría hasta 1881 en que el marquesado se extinguió.

 

Esta situación hizo que el palacio de Jabalquinto, en Jabalquinto, quedara en estado ruinoso y se demolió a principios del siglo XX, conservándose solo la fachada.

También quedaron abandonadas las ermitas que se encontraban repartidas por todo el término rural y municipal. Estas fueron desapareciendo también, poco a poco por culpa del abandono de las zonas rurales por sus pobladores, por el terremoto de Lisboa de 1755 y por los duros temporales que tuvieron lugar en el año 1800, quedando en pie la Ermita de la Carrera al ser acondicionada para vivienda en el siglo XX.

 

LAS ERMITAS

 

Cinco son las ermitas que podemos contabilizar en nuestro término y que fueron construidas entre los siglos XV y XVI, coincidiendo con el momento álgido del señorío.

 

Una ermita es un edificio religioso, pequeño, generalmente de planta rectangular, con una sola nave, sencillo y austero, dedicado a alguna advocación y con celebraciones intermitentes dentro de ella. Su fiesta principal se celebra el día de la advocación a la que está dedicada. Suelen tener un mayordomo que es nombrado por el obispo de la diócesis y que cuida de ella y la mantiene. Solían construirse en descampados, a veces con excusas de apariciones.

Las ermitas tenían un fundador que sostenía, con una donación, al capellán a cambio de una serie de misas, así ambos obtenían beneficio, el uno, material y el otro espiritual. En la “Memoria histórica sobre Jabalquinto, Reino de Jaén” de 1797, corregida en 1816, manuscrita por Mateo Francisco de Rivas y Soriano, con claro sentido pedagógico, se hace referencia a ellas.

Además, en un plano a mano alzada, dibujado por él mismo o por alguien de su confianza, son situadas en su ubicación, en la mayor parte, cuando no por una cruz si ya habían desaparecido.

 

Las de Jabalquinto fueron: San Sebastián, San Cristóbal, San Juan Bautista, San Bartolomé y la de la Carrera.

 

 

ERMITA DE SAN CRISTÓBAL

 

En la documentación del Sínodo de Toledo de 1311 se realiza un listado de las iglesias giennenses donde no aparecen las de Jabalquinto.

Sin embargo, en el de 1511 se aporta alguna información. Por tanto, se puede afirmar que esta ermita se construyó en algún momento, entre 1311 y 1511. En 1654 vuelve a ser mencionada, pero en 1797, en el plano de Mateo Francisco, en su lugar sólo aparece una cruz. Por tanto, se puede asegurar que desaparecería entre 1654 y 1797.

A mediados del siglo XIX, Pascual Madoz la emplaza como unas ruinas al oeste del pueblo. En el plano de Mateo Francisco de Rivas, de finales del mismo siglo, aparece una cruz, nombrada como “la cruz del cerrillo”. El lugar exacto sería entre la cooperativa de Ntro. Padre Jesús y el pequeño barrio de “El cerrillo”. Aún, los más mayores emplean la expresión “cruz del cerrillo” para nombrar a esta parte del pueblo.

Si además conocemos que san Cristóbal ha sido considerado siempre patrón de los caminantes, ahora también de los conductores, y a unos metros del lugar transcurre el “Camino de Linares”, entre Jabalquinto y Linares, todo parece clarificarse.

 

SAN JUAN BAUTISTA Y NTRA. SRA. DE LAS MERCEDES

 

Catalina de Rojas y Sandoval, en 1600, ordena en su testamento que se erija una ermita bajo la advocación de San Juan Bautista. La dotación se hace efectiva en 1606 por su esposo Manuel de Benavides III, primer marqués de Jabalquinto.

En 1637, Baltasar Moscoso y Sandoval, obispo de Jaén nombra mayordomo de la construcción a Diego de la Guardia.

En 1643 se erije a favor de los marqueses el patronato de la ermita ahora también bajo la advocación de Ntra. Sra. De la Encina. El documento la sitúa extramuros, sin concretar más.

Es muy posible que la fundación de la Ermita tuviese como objetivo trasladar la imagen de San Juan desde la parroquia, donde disponía de un altar.

A mediados del XVII, con la llegada de los Benavente, los bienes del marquesado se diluyen entre sus posesiones, quedando muy desatendidos.

En 1755 se nombra a Manuel Felipe Balvuena, nuevo capellán de la ermita, ahora conocida como “de las Mercedes”.

A partir de ahora habrá errores en la denominación de los nombres de la ermita, con lo que se evidencia la dejadez que sufre el marquesado de Jabalquinto bajo el poder de los Benavente.

Sería Mateo Francisco de Rivas y Soriano quien en 1797 haría una descripción más o menos útil del edificio incluyendo detalles importantes como la construcción de una media naranja para la imagen de Ntra. Sra. De las Mercedes y un camarín para trasladar la “Venerada y milagrosa efigie de Ntro. Padre Jesús Nazareno desde la parroquia”.

 

SAN SEBASTIAN

 

La más desconocida de todas. No sabemos el lugar de su ubicación pero sí sabemos de su existencia, ya en 1654.

En la Memoria histórica de Mateo Francisco de Riva, se nombra, simplemente, pero ya no estaba en uso.

 

IGLESIA/ERMITA DE SAN BARTOLOMÉ

 

En el año 1577, ya existía esta ermita en el poblado de Estiviel, conocido en la actualidad como cortijo de las Huelgas.

A mediados del siglo XVII aún mantenía alguna actividad de culto.

Jimena Jurado habla que tenía un prior y de cómo se repartían las rentas obtenidas de su función.

Para 1716 esta iglesia se encontraba ya en un estado deplorable, tanto que llegó hasta el lugar el visitador del obispado ordenando su inmediata reparación para que se pudieran seguir diciendo misas.

Tan solo veinte años más tarde, el obispo, Manuel Isidro de Orozco Manrique de Lara, mandó clausurar el edificio por el mal uso que hacían de él los pastores y las gentes del lugar, “pasando las noches más desapacibles en el interior del mismo con su ganado y practicando otras indecencias”. Ordenó, de igual modo, destruir una imagen, en piedra, de san Bartolomé y enterrarla en el lugar, y adosar una cruz de piedra en el muro más consistente del edificio “para que se supiera que aquel lugar era sagrado”.

 

 

ERMITA DE LA CARRERA

 

De todas las ermitas de nuestro suelo la única que queda en pie y ahora, como podemos observar, magníficamente restaurada, es la popularmente conocida como, simplemente, “La Ermita” o “La Ermita de la Carrera”.

Muy posiblemente, ahora la podamos contemplar porque sus anteriores dueños la habilitaron para vivienda, ya en el siglo XX. Su anterior y anacrónico tajado lo delata, al igual que los vanos abiertos en distintos lugares del edificio para dotarla de aire y luz.

Se trata de un edificio religioso del siglo XVII, situado en el recinto del castillo medieval a espaldas del, también recientemente restaurado, Palacio de los marqueses del Jabalquinto y que ahora sirve de ayuntamiento.

Como la mayoría de ermitas contemporáneas, muestra un claro estilo conventual, de planta rectangular, tejado a cuatro aguas y coronado con una espadaña, de un solo vano, en el que se aloja un campanillo, con sobrenombre de “Andar y andar y Jabalquinto a la par” que anuncia ahora, con su tañer, la hora en que vivimos, en otro tiempo la oración o celebración.

Su sobria fachada contiene dos puertas, ambas enmarcadas con sendos arcos de medio punto. La mayor, la de los fieles y la pequeña, la del clero conectan lo mundano con lo religioso. Sobre ellas una pequeña cornisa recorre el liso entablamento en el que destacan tres grandes piezas de sillar, resaltadas, que parecen sostener un óculo, ahora cegado y decorado con reloj de forja y que otrora dotaría de luz natural el interior.

Una sencilla espadaña, de un solo vano y coronada de cruz forjada, rematan este bello conjunto.

Siempre ha habido confusión, en cuanto a su advocación, debido, principalmente a la asociación, generacional y popular con la ermita de las Mercedes, con datos del APJ sobre su cerca levantada en 1820 con piedras procedentes del derruido castillo y con publicaciones como la del profesor e historiados Ruiz Calvente, y la del seminario permanente Aproximación a la realidad socioescolar en Jabalquinto, que como fruto vio la luz la publicación “Jabalquinto una pausa en la historia”, ambas de inicios de los noventa.

 

Los jabalquinteños y jabalquinteñas, estamos de enhorabuena, porque a partir de hoy podremos disfrutar de nuestra ermita, de otra manera.

Disfrutémosla, pero también cuidémosla para que puedan seguir haciéndolo los hijos de nuestros hijos y sus hijos.

 

Gracias a todos los ciudadanos, gracias al Ayuntamiento que lo ha hecho posible y en nombre de él a D. Pedro López Lérida como alcalde presidente.

 

Y ahora a seguir disfrutando de este histórico momento.

 

GRACIAS.

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