lunes, 16 de marzo de 2015

PREGÓN SEMANA SANTA 2015




                             
                              Cartel Semana Santa 2015
                       Autor: José Eleuterio González Soriano.

Antonio García Sanz

Sr. alcalde, Sr. cura párroco, señores y señoras concejales, hermanos y hermanas mayores de las distintas cofradías, hermandades y grupos parroquiales que pertenecen a mi muy querida parroquia de la Encarnación, a la que pertenezco y en la que sirvo desde mi más tierna infancia de distintas formas; cofrades, amigos y amigas.
D. Pedro López Lérida en calidad de Alcalde presidente del Excmo. ayuntamiento de Jabalquinto junto con la Agrupación de cofradías y Hermandades pertenecientes a nuestra parroquia, guiada, hoy, por Don Pedro Garrido, cura párroco, han querido que sea yo, este año de 2015, quien anuncie esta celebración que debe tener como objetivo último, contribuir al crecimiento y madurez de nuestra fe en Cristo Resucitado.
Cada año, desde hace  varios, cuando la cuaresma expira y se tienen ya los ojos, y los sentidos clavados en la Semana Santa, desde este mismo lugar, se anuncia la misma por medio del pregón y presentación del cartel anunciador, este año, dedicado muy especialmente al momento de la resurrección y a la bella imagen que junto al sagrario nos recuerda que ¡Cristo vive!
Quiero comenzar creando el ambiente adecuado con una presentación que a través de la música y la imagen nos va a centrar en el tema del que trataremos seguidamente; la resurrección.
La música y la letra pertenecen a Gonzalo Mazarrasa, sin duda, el mejor compositor de música católica de la actualidad. La canción de su CD, “A la otra orilla”, lleva por título: “Me basta”. Las voces las ponen Ana Moya y Alfonso Puche, joven sacerdote, que ejerce su pastoral en Madrid, aunque nacido en Bailén y que es hijo de mi querida amiga Candy, compañera de profesión y de misión.
Las imágenes, seleccionadas para la ocasión las he tomado de internet, en su minoría, y de la exposición permanente que la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno tiene en su Casa de Hermandad y que logramos reunir, clasificar y digitalizar, siendo Hermano Mayor Vicente Juan Megías Moreno. El resto son de mi propiedad, realizadas en las décadas de los setenta y los ochenta y alguna mucho más reciente.
Espero y deseo que todos disfrutemos. (Audiovisual)
¡Cristo ha resucitado!, esta es la primera y gran verdad de nuestra fe.
Los apóstoles de Jesús comenzaron su predicación anunciando este hecho indiscutible: Jesús de Nazaret, el que caminaba por las calles de  aldeas, pueblos y ciudades haciendo el bien, el que ayudaba, el que enseñaba, el que reía, el que lloraba, el que curaba y perdonaba, el que realizaba signos y prodigios, haciendo presente el Reino de Dios y que fue clavado en una cruz y sepultado, ha resucitado. Todo el mensaje apostólico giró en torno a esta gran noticia; hoy la Iglesia también centra  su misión  en Cristo resucitado.  A partir de esta verdad incuestionable, se realiza la evangelización, desde hace dos mil años,  hasta nuestros días.

La resurrección de Jesús es el hecho más importante de toda la Historia de la Salvación. Es una cuestión fundante, porque en ella está fundada nuestra fe y fundamental porque sin Resurrección sería absurda, y no tendría razón de ser esta fe. Dicho de otra forma, hoy no tendría ningún sentido que nosotros estuviéramos aquí. Si Cristo no hubiera resucitado, la Iglesia no podría anunciar ninguna Buena Noticia de salvación para nadie. San Pablo lo afirma rotundamente: "Si Cristo no ha resucitado, nuestra predicación ya no tiene sentido. Pero no, Cristo resucitó de entre los muertos…" (1Co 15, 14; 17; 20). La Resurrección de Jesús es una verdad, a la que de ninguna manera debemos renunciar si nos llamamos cristianos.
En los santos evangelios se describen varios "encuentros" de Jesús Resucitado con sus discípulos:
Jesús se "deja ver", para que salgan de su incredulidad y de su desconcierto.
Este encuentro afecta a la totalidad de sus personas: transforma el miedo en amor por el evangelio; la ignorancia en sabiduría; la debilidad en fortaleza; la tristeza en alegría. (Gal 1,23)
Les descubre los enigmas de la fe: "se les abren los ojos" "ven y creen".
Los distintos encuentros siempre conducen a una llamada a la evangelización "Id y decid", “Id y contad”, “Id y predicad, haciendo discípulos míos, bautizándolos”; este es el encargo de Jesús contenido en los cuatro evangelios, prueba inequívoca de su veracidad. (Mt 28, 18-20; Mc 16,15; Lc. 24,28; Jn. 20,21).
Ellos comprenden que deben vivir diariamente con otro sentido y otra profundidad; el encuentro con el Resucitado es una experiencia larga de vida que transforma a las personas, a ellos y a nosotros. (2Cor 4,10).
También dijo a Tomás: "Tu crees porque has visto. Felices los que creen sin haber visto" (Jn. 20, 29) Estas palabras del Resucitado: "Felices los que creen sin haber visto", nos señalan directamente a nosotros, a los cristianos de hoy que nos seguimos encontrando con Cristo Resucitado. Aunque no lo veamos con los ojos de la cara, los efectos que se producen son exactamente los mismos: somos "felices", porque tenemos la certeza de que creemos en alguien real y no en un fantasma o mago y porque tenemos una esperanza diferente a quienes no creen.

NUESTRA IMAGEN

Allí, sobre el sagrario, donde Cristo vive, se halla la imagen que veneramos de nuestro Cristo Resucitado, fue adquirida por don Salvador García Fernández hacia el año 1958, siendo párroco don Miguel Peinado Martínez, por promesa que tenía hecha sobre la recuperación de la salud de su hija Antonia García García, que se vio afectada por una grave enfermedad cardiaca y hubo de ser intervenida en Madrid. La adquirió, allí precisamente, en Madrid, en la misma casa taller de imaginería religiosa, de la calle de la Cruz, donde apenas unos años antes se había adquirido, por parte de un grupo de jóvenes de la parroquia, guiados por D. Francisco Álvarez Martínez, cura párroco en aquel entonces, la bella imagen de “El Amarrado a la columna” o “Cristo de la Humildad” como los jabalquinteños y jabalquinteñas le denominamos  desde hace ya algún tiempo.
Llegó transportado hasta el pueblo, vía ferrocarril, oculto en un gran cajón de madera que hasta hace muy poco tiempo ha permanecido guardado en la casa, ahora, de mi querido amigo Manuel Jiménez García, nieto de Don Salvador; él mismo, me contó con entusiasmo y nostalgia como los trabajadores de su abuelo con un par de mulas que tiraban de un carro, lo transportaron desde la estación hasta el pueblo.  Nada más llegar  fue presentado en la parroquia para la donación, donde tras su bendición quedó expuesto a la feligresía para su devoción y culto. Aún creo ver cada Domingo de Resurrección a D. Salvador García, ya anciano, sentado entre las puertas de su casa, abiertas de par en par, al paso del Resucitado, agradecido, como queriendo invitarle a pasar y llenar su hogar y el de su familia de VIDA. Desde entonces hasta hoy, Cristo Resucitado, sigue deteniéndose, agradecido, a la puerta de la que fuera su casa.
La imagen realizada en pasta de madera y escayola, representa a Cristo que ha vencido a la muerte tras padecer y morir crucificado. En su mano derecha, prendido a la cruz,  se halla el estandarte con el anagrama de Cristo, apuntando hacia el cielo, victorioso. Sus ojos ahora como en la Cruz miran a lo más alto, hacia el Padre, queriendo indicar a la humanidad entera que lo que más importa no está aquí en la tierra, en lo mundano, sino en la eternidad. Sus manos y sus pies muestran aún las huellas del dolor causado por los clavos que le atravesaron, que hirieron de muerte su humanidad, su ser de hombre. Ya, vencida la muerte, descendido de la cruz ante el dolor de la Madre, María, y el discípulo que más amaba, ascendería, glorioso, cubierto parcialmente con el sudario que le cubrió en el sepulcro, según la costumbre judía.
Con anterioridad a la actual imagen los jabalquinteños y jabalquinteñas de entonces pudieron venerar otra de la que por suerte tenemos algún testimonio fotográfico y que fue destruida en la guerra civil de 1936. Disponemos también, de documentación histórica que atestigua  su existencia y veneración en nuestra parroquia y nuestro pueblo. El citado dato histórico que lo confirma aparece en la nota marginal 114 de la publicación “Historia y señorío de la villa de Jabalquinto” de Pedro A. Porras Arboledas basada en la “Memoria histórica sobre Jabalquinto, reino de Jaén” que manuscribió el benemérito de la patria, Mateo Francisco de Rivas y Soriano y que podemos leer de tal manera: “En 1777 pleitean las cofradías de la Veracruz y la de Jesús Nazareno por sacar la procesión del Resucitado”. Igualmente en el apéndice documental número 422 de esta citada obra se puede leer que “el día 23 de marzo de 1777 se celebra concordia entre las cofradías de la Veracruz y Nuestro Padre Jesús Nazareno en relación con el derecho a sacar la procesión del Resucitado, sobre lo cual habían mantenido diferencias en los últimos años”.
Según he podido contrastar con un amigo de la familia, D. Juan Carlos García Serrano, sacerdote diocesano, experto en derecho canónico, estas concordias, para bien o para mal, terminaban siempre de la misma manera, dando la razón a ambas partes. No es casual, por tanto que por la herencia recibida de aquel entonces, actualmente, sean las propias cofradías, hermandades o grupos parroquiales de nuestra parroquia las que se encarguen de organizar su fiesta y procesionar la imagen por las calles de nuestro pueblo, si bien hace varias décadas, como demuestran las fotografías que en la presentación inicial hemos visto, y que se encuentran expuestas en la Casa de Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno,  lo hiciera esta misma cofradía.
EL CARTEL GANADOR
José Eleuterio González Soriano, artista local, hijo de Eleuterio González y Lucía Soriano, nace en Jabalquinto el 21 de noviembre de 1971.
Terminada su E.G.B. cursa estudios de formación profesional de segundo grado en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Jaén en la especialidad de Delineación Artística.
Su deseo de permanente formación le lleva a realizar numerosos cursos relacionados  con el diseño gráfico y las artes.
Obtiene titulación de Técnico en sistemas microinformáticos en la ciudad de Málaga en el año 2010, ciudad en la que reside ocasionalmente.
Desde su niñez, se sintió atraído por las artes plásticas comenzando a pintar de forma autodidacta sobre cualquier tipo de superficie. Recuerdo haber visto, en mi juventud, alguna de sus pinturas realizadas sobre  las paredes de este mismo edificio, que antes fuera su hogar.

Pepe, como cariñosamente le llamamos sus conocidos y amigos, es un artista polifacético, con un gran dominio y uso de las técnicas y formas del arte de la pintura. Cualquier motivo de escenas cotidianas es digno, para él, de ser plasmado en un lienzo: Un tren a su paso por una estación, unos bañistas en la playa, un árabe tomando el té, el patio de su propia casa o la plaza del pueblo, cuadro, por cierto, del que me enamoré nada más verlo y que con su permiso, como no podía ser de otra manera, me atreví a imitar.
Domina a la perfección, el retrato, dotándolo de un realismo inusual.
Ha expuesto sus trabajos en varios espacios públicos de la vecina ciudad de Linares, en 1997 y 1998 y en otras galerías.
Con el paso del tiempo y la llegada de las nuevas tecnologías se sintió atraído por el arte digital que desarrolla del mismo modo, autodidacta.
En la actualidad, aplicando las nuevas tecnologías a su excelsa creatividad e imaginación, compone auténticas obras de arte mezclando elementos de la vida mundana con personas anónimas, dotándolas de un colorido y equilibrio de formas que logran introducirnos en otra realidad.
Su arte digital, que practica casi a diario, es utilizado por el artista como medio de expresión; como él mismo dice: “Me divierte y me hace feliz”.
Sus obras, presentadas ocasionalmente a diversos concursos: Carteles de ferias famosas (Málaga, San Agustín, etc.), carteles de publicidad y de Semana Santa, principalmente, han obtenido siempre una excelente crítica por su diseño vanguardista, sin abandono de lo clásico, y por su originalidad.
En esta ocasión, ha sido su obra, la elegida, de entre todas las obras presentadas y que sin duda, también habrían sido merecedoras de esta honrosa distinción.
Nos presenta a Cristo Resucitado que emerge y asciende victorioso y glorioso desde la tierra, hoy Jabalquinto, ayer Jerusalén, hacia el Padre.
La promesa de Dios en su plan de salvación ha sido cumplida en Cristo Jesús, su Hijo.
El cielo se desgarra contemplando su ascenso y se ilumina con la luz de la Resurrección, luz que ha de guiar a la humanidad entera en su largo peregrinar hasta el día definitivo del encuentro con Él.
El Resucitado, muestra tomada por su mano derecha, la cruz, símbolo de la muerte que ha sido vencida con la Resurrección; de ella pende el Crismón o representación del cristograma. Bordadas en letras de oro la “Chi” y la “Rho” primeras letras griegas del nombre de Cristo.
Él en su ascensión, clavada su mirada en lo más alto, nos manifiesta la esperanza que hemos de tener de que un día resucitaremos también.
“A quién buscáis, a Jesús el Nazareno, no está aquí, ha resucitado como había dicho” (Mt.28, 6).
¡Abramos las puertas al que resucitó y vive entre nosotros!
¡Abramos el corazón a la VIDA!

Ya para terminar y a la luz de esta esperanza sólo me queda desearos una feliz Semana Santa y una gozosa Pascua de Resurrección.
Gracias por vuestra acogida, por vuestro cariño y por vuestra paciencia.
Buenas noches. 

miércoles, 11 de abril de 2012

TODO UN SANTO (I)

                                               
                                                             D. José Marcilla Hernández

Antonio García Sanz

Esta historia sólo pretende perpetuar la memoria de un gran sacerdote, de un gran hombre que algunos tuvieron la dicha de conocer y disfrutar. Otros, a través de ellos, hemos descubierto su valía, en una sociedad deprimida y en un momento histórico difícil para todos.
Los nombres de los personajes, si la hubiere, sería pura coincidencia con los de la realidad. Algunas mutaciones en los hechos narrados sólo pretenden dotar al texto de sentido literario. Lo que importa lo descubrirá el corazón del lector.
Se vivía el final de la cuarta década del siglo XX. El hambre, ineludible compañera de la mayoría de los pueblos de entonces se acomodaba también en el nuestro. El aire cálido de aquella mañana de verano se apresuraba a calentar las piedras de las calles del pueblo. Las mujeres barrían las puertas y de cuando en cuando hacían un descanso para murmurar en corro. Faltaba década y media para que Don Jacinto trajera parte del plan de desarrollo después de duras negociaciones con el gobernador, en la mesa del rincón, del ya desaparecido “Ideal bar” de la capital del Santo Reino.
Don Fernando había anunciado en la misa del domingo la inminente llegada del nuevo párroco que hasta entonces ejercía de coadjutor en la parroquia de la Encarnación de Arjonilla, donde al parecer había dado muestras de su preferencia por las clases más desfavorecidas.

- Dicen que es joven y que viene a vivir solo.

- Pues habrá que arreglarle la casa.

- Anda que como no sepa guisar .

- ¿Qué vamos a hacer?.

- Ya nos la arreglaremos como sea.

- No lo vamos a dejar que se muera de hambre.

Era José hijo de una familia acomodada, que habían educado a sus hijos en el amor a Dios y al prójimo. Fue su padre, D. Manuel y su madre Dª Sagrario; el uno de Navarra y la otra de Burgos. Nació el 28 de noviembre de 1913 en Madrid. Habiendo conseguido, D. Manuel, cátedra de escuelas industriales, fue trasladado a Linares donde ocupó plaza en la Escuela de Peritos de la vecina ciudad. De niño jugaba con sus hermanos: Manuel, Julia y Purificación y con los demás niños de la vecindad, distinguiéndose por su bondad y gran corazón. Cuando ejecutaba una travesura, acogía el castigo de sus progenitores con alegría, con lo cual, la situación volvía pronto a la más absoluta normalidad.
Estudió bachiller en Linares, obteniendo brillantes calificaciones, e hizo carrera de peritaje en Madrid, cursando posteriormente estudios superiores de arquitectura. Consiguió algún dinero pero no era feliz. Realizó el servicio militar en “Transmisiones” (Madrid). Allí fue donde escuchó la llamada de Dios, ingresando en el seminario de Comillas en 1935.Tenía entonces 22 años.
Durante la Guerra Civil Española el seminario permaneció cerrado, retomando la carrera eclesiástica una vez terminada la contienda nacional, en 1939.
Fue ordenado presbítero el día 23 de julio de 1947 a la edad de 34 años. Celebró su primera eucaristía en la parroquia de San Francisco de Linares, el diecisiete de agosto del mismo año; diez días antes de la mortal cogida del diestro Manuel Rodríguez Sánchez ,“Manolete”, en el coso de Santa Margarita de dicha ciudad.
En Arjonilla dormía en el “Hotel Palace”, como él mismo denominaba al camarote de encima del batipterio.
Una familia de aquel pueblo le regaló una almohada donde pudiera reclinar la cabeza mientras dormía en pleno suelo y él la puso bajo la cabeza de un “Cristo Yacente”.
Alguien le preguntó por ella y si pensarlo demasiado contestó:

- Con tanta comodidad no podía pegar ojo.

Era fácil encontrarlo con los niños, con los pobres y con los enfermos. Con los primeros jugaba a menudo remangándose la sotana cuando era menester, y con los otros compartía tiempo y mantel. Por las noches oraba largas horas ante el sagrario.

- Viene un camión lleno de gente.

- ¿ Y a dónde irán?

- ¡ Os traemos un santo! Gritaban a coro en lontananza.

- ¡Viva D. José!. Decían unos.

- ¡Viva!. Respondían los otros.

El Camión Bedford, aparcó en la plaza del pueblo quedando al instante rodeado por decenas de vecinos. D. José acababa de llegar a su nuevo destino. Arjonilleros y Jabalquinteños, enarbolando la misma bandera, procesionaron hasta el templo, arropando a D. José, que saludaba con manos y cabeza a cuantos a su paso se asomaban a la puerta de su casa. Recibidos por D. Fernando, su predecesor, caminaron sigilosamente hacia el sagrario donde se postraron y rezaron un buen rato. Era el día 3 de julio de 1949. Sin saberlo, sólo tendría cuatro años para depositar su semilla apostólica en Jabalquinto.
Apenas llegado a su destino, caminaba un día por la “Calle Llana”, entonces “Calvo Sotelo”, escoltado por un par de feligreses. Había iniciado una obra en la parroquia y no tenía más dinero que el del “cepillo” del domingo anterior. Se acercó un hombre elegantemente vestido y metiendo la mano en el bolsillo interior de su gabardina sacó un sobre de color caña.

- ¿Es usted D. José?.

- Para servirle, señor.

- Tenga, un donativo para la obra.

- Que Dios se lo pague buen hombre.

Aligerando el paso torcieron la calle y llegando a la casa del albañil pagó lo que se debía hasta entonces.

- ¿Sabéis una cosa?, dijo al dar la espalda a la puerta.

- ¿Qué D. José?, preguntaron los acompañantes.

- Pues, que Dios tiene más dinero que un torero.

Los tres, entre carcajadas, se perdieron por los pedregosos callejones.

Una tarde desapacible de aquel enero del cincuenta, al llegar los monaguillos a la sacristía notaron en D. José un extraño semblante. El más atrevido, sin mediar saludo, le preguntó:

- ¿Qué le pasa D. José?. Tiene usted mala cara.

- Nada de importancia, juanillo, que tengo un agujero en el estómago.

- Vaya usted al médico a que lo ponga bueno.

Notando la preocupación de sus pupilos dijo elevando el tono:

- ¡Que no hombre, que me mata!.

- Subid a la camareta y bajadme una cajeta alargada que hay sobre el cajón.

Subieron ambos y bajaron la caja del Abate Hamón nº 18 que contenía unas hierbas medicinales que tomaba habitualmente para el dolor de estómago.

Preparó en el infiernillo eléctrico, fiel compañero suyo, aquella medicina. Nada más hervir, la vertió en un vaso de cristal no del todo transparente.

- ¿Queréis probar?

Los chiquillos se miraban uno a otro sin abrir el pico.

- ¿Que si queréis probar alguno?, repitío Don José.

- Bueno. Se atrevió juanillo a decir, después de haberlo pensado un rato.

Tomando el recipiente entre las tiernas manecillas, lo acercó hasta su boca.

No hubo tocado aún aquel líquido opaco la campanilla del pequeñuelo, cuando inició su camino de retorno hacia la pared de la sacristía.

- Pero, ¿qué pasa Juan?.

- ¡Que esto está más amargo que las tueras!.

D. José carcajeando le dijo:

- ¡Anda hombre, dame, dame!.

Bebió sin parpadear y relamiéndose los labios dijo:

- ¡Ay que cosas tan ricas nos regala Dios!.

Ambos pillines se miraron sin articular palabra.

Aquel invierno fue intenso, los campos recibieron abundantemente el beneficio de la lluvia.
Uno de aquellos días viajó D. José hasta la vecina localidad de Linares, a visitar a su familia, entre otras cosas. Tenía para este tipo de desplazamientos una vespa de quinta mano, que él mismo, virtuosamente reparaba. Aparcó aquel artilugio en la “Plaza del Ayuntamiento” y con sus zapatos desgastados de tanto caminar por su particular mundo de Dios atravesaba sin titubeos “La Corredera de San Marcos”, cuando una mujer asidua a la parroquia que se encontraba por allí de compras se dirigió a él:

- ¡Buenos días Don José!.

- ¡Buenos nos los de Dios, María!.

- ¿Dónde va usted con esos zapatos rotos, hombre de Dios?.

- Nunca llevo rumbo fijo; donde quiera Dios.

- ¡Vamos, vamos, pase para adentro!.

Después de mucho insistir, aquella buena mujer consiguió que le acompañara al interior de la zapatería.
Poco tardó en encontrar algo de su agrado y menos aún en recuperar la calle, recién calzado, no sin antes agradecer a la feligresa su generosidad y al dependiente su amabilidad.
Apenas había dado tres pasos cuando se dio de bruces con un hombre del pueblo que buscaba la espartería. Llevaba las alpargatas empapadas de agua y un tanto ennegrecidas del uso.

- ¿Dónde caminas, Alfonso?.

- A comprar un cabo de soga “pa” la jáquima.

- ¿Y usted, Don José?.

- Yo. Aquí luchando con estos zapatos que me están matando. Si te estuvieran bien me harías un favor bien grande.

No había terminado de hablar aquel pobre hombre, cuando ya se había descalzado, Don José.

- ¡Venga pruébatelos!.

- ¡Son los míos, Don José, son los míos¡.

- ¡No se hable más!.

Se apresuró a plantarse las ajenas alpargatas y en cuanto las tuvo puestas exclamo:

- ¡Ahora si que me he “quedao” a gusto!. ¡Qué descanso más grande!.

Zacarías, el comerciante, que había vivido la escena, desde detrás de los cristales, no dudó en tomar un nuevo par, atravesar la puerta y ponerlo en las manos de Don José.
Aquel crudo invierno fue remitiendo; atrás quedaron los desapacibles días, que poco a poco fueron dando paso a una luminosa y colorida primavera.
Todas las tardes, la chiquillería, se concentraba en las inmediaciones de la iglesia jugando los unos al fútbol y las otras a la rayuela. Don José siempre encontraba un momento para compartir con ellos. Peloteaba con la sotana remangada y dibujaba bonitas figuras de ”rayuela” con el primer yesón que cayera en su mano.

- Os prometo que cuando llegue el verano haremos una excursión al campo.

- ¿De verdad, Don José?, ¿De verdad?

- ¿Acaso creéis que yo puedo mentir?

- ¡0jalá que mañana fuera verano!, dijo Antoñito, entusiasmado.

Mientras, los días se alargaban, las noches se acortaban y al atardecer, el aire se llenaba de trinos de gorrión buscando su cobijo en el viejo eucalipto de la Plaza.

- ¿Sabéis que día es mañana?

- Sábado, dijeron algunos.

- ¿Queréis que vayamos al campo?

- ¡Sí!, contestaron a coro.

- Pues, a las diez de la mañana, Dios mediante, nos vemos aquí.

Desde bien temprano se oían las tiernas vocecillas de los zagales que merodeaban por los alrededores del templo.
Llegó D. José, pasaron dentro, rezaron un padrenuestro y un avemaría y pidieron a Dios que fuera con ellos.
Bajaron la calle de Nuestro Padre Jesús, y tomando el camino de la estación llegaron hasta los arroyos a cobijarse de los rayos del sol bajo el verde y frondoso manto de una gigantesca higuera. El cura y los chiquillos, degustando previamente los exquisitos frutos, continuaron sin demora su camino. Durante el trayecto contaba historias sagradas a los inquietos excursionistas que escuchaban entusiasmados su relato.
Entre actividades culturales, religiosas y lúdicas, al aire libre, apeonaban por el camino de los almendros rumbo al pueblo.
Mientras Juan Antonio, resoplaba sin parar, al ver de lejos el estrepitoso serpenteo de la cuesta, don José creyó escuchar a lo lejos la llamada de alguien. Pronto descubriría que se trataba de un hombre que arreglaba las matas cerca de “la encrucijada de los caminos” y que había divisado al grupo entre los olivos.

- ¡Pase usted don José y verá que sandías más hermosas estoy criando!.

- ¿Con todos estos?.

- ¡Pues claro, hombre!.

Don José pidiendo prudencia y recato a sus discípulos, hizo pasar a todos colocándolos alrededor de la choza, donde sentada cerca de una mesa de raro diseño, troceaba un par de tomates, la mujer del dueño del melonar.
Los pequeñuelos no apartaban la mirada de don José que caminaba entre aquellas largas hiladas verdes, escuchando atentamente las entusiastas explicaciones de aquel especialista en forraje.
Todos juntos, engulleron los manjares con que fueron obsequiados, reiniciando el camino que les llevaría definitivamente a la cima.
Entre cánticos y vítores llegaron al pueblo por el camino del tejar.

Ya hemos venido
Un poco cansados
Y con don José
Que bien lo hemos pasado.
Mucho hemos reído
Mucho hemos jugado
Y a Jabalquinto
Por fin hemos llegado.

Entraron en el templo, dieron gracias a Dios por haberle regalado este día inolvidable, y el grupo se disolvió como la espuma hasta una nueva ocasión.
No cesaba Don José en su intensa labor pastoral. Aún siendo hombre más de hechos que de palabras, la parroquia se llenaba de fieles en cada celebración. A algunos les incomodaba sus sermones, a otros, sin embargo les servían para crecer como personas y formarse como cristianos.
Muestra de su celo apostólico fueron “las misiones”, organizadas en el año 1951. Pensó que no vendría mal la buena disposición de los padres misioneros para curar espiritualmente a aquella sociedad de la posguerra que deambulaba entre la tristeza, la pobreza y el hambre.
Los padres Sarabia, Carrascosa, Labastida, Sebastián y Lucas, llegaron al pueblo respondiendo a la llamada del párroco que junto a un nutrido grupo de fieles salieron a recibirlos, el día de su llegada. Misas, charlas, retiros, rosarios, ejercicios, exposiciones, procesiones, etc, motivaban e iluminaban a la comunidad en este camino de espinas que la historia había dispuesto. Jabalquinteños y jabalquinteñas agradecían a todos su labor con cánticos como los que transcribo a continuación:

Que viva la palma
Que viva el romero
Que viva Don José
Y los misioneros.
Si los misioneros
No hubieran venido
Jabalquinto entero
Se hubiera perdido.

A los pocos días de aquel evento religioso, recibió don José la noticia de que un hombre se encontraba enfermo. Llevaba un tiempo sin poder trabajar y la familia no levantaba cabeza. Por la tarde al acabar la misa bajó hasta la cueva donde vivían.

- ¿Quién anda por aquí?.

- Pues ya ve usted, Don José.

- Me he enterado que estabas pachucho y he dicho: ¡voy a ver a Manuel!.

- Se lo agradezco mucho.

- ¿Necesitas algo que yo pueda hacer?

- Necesitar, necesitar, pues trabajar “pa” criar a los chiquillos, pero ahora…

- Bueno hombre, no te preocupes que no hay mal que cien años dure.

En estas estaban los dos mientras los chiquillos correteaban en la puerta de la cueva.

- ¡Nenes pasad “pa” adentro que ya es de noche y os vais a caer por el terraplen!, dijo la madre a sus hijos.

- ¡Ya vamos mama!.

Cuando entraron, don José bromeó con ellos y ejerciendo de mago sacó, a cada uno, dos reales de la oreja.

La cueva iba quedando en penumbra y María, presurosa, encendió el candil que descansaba sobre el desván de la vetusta chimenea.
Al tiempo de despedirse de la familia, don José sacó un cigarro, ya liado de su petaca y se lo dio a Manuel.

- Ya sabes que no debes fumar con esa tos que tienes, pero te doy este cigarro si me prometes que lo encenderás por la mañana.

- Como usted mande.

- Buenas noches tengáis, que Dios os bendiga.

- Buenas noches, don José.

No habría llegado todavía Don José a la vereda que llevaba hasta la calle, cuando Manuel, observando una y otra vez aquel extraño cigarro que había dejado la inesperada visita sobre la mesa, descubrió en su interior, muy bien acomodado, un billete de veinticinco pesetas. Con sumo cuidado lo extrajo del estrecho habitáculo, lo estiró y con visibles muestras de emoción lo dio a su esposa para que lo administrara.
Era también don José, párroco de Torrubia y sobre aquel artilugio mecánico sobre ruedas, que ya conoce el lector, se desplazaba semanalmente a celebrar la Eucaristía con aquellas buenas gentes.
Cuentan los más mayores la siguiente historia:
Era Domingo, y llegó para celebrar la Santa misa como de costumbre. Al terminar recibió, en la sacristía, la visita de don Dionisio.

- ¡Buenas tarde, Don José!.

- ¡Muy buenas tardes nos de Dios, don Dionisio!.

- Vengo a pedirle un favor.

- Usted dirá.

- Me gustaría que bendijera usted, si a bien lo tiene, la nueva granja que hemos construido.

- Eso está hecho en un "santiamén".

Se desplazaron hasta el lugar, seguidos por la muchedumbre. Al llegar al sitio, después de santiguarse, tomó el hisopo que llevaba el monaguillo y bendijo todos y cada uno de los rincones de aquel recinto. Pronunció una breve oración que terminó con el amén de la concurrencia.
Antes de despedirse se acercó don Dionisio y le preguntó.

- ¿Qué le parece a usted el aposento que le hemos preparado al ganado?

- El aposento está muy bien, don Dionisio.

- Ya sabía yo que a usted le gustaría.

- Si, si, pero lo que no me gusta tanto es que los animales vivan como debieran vivir las personas y las personas como debieran vivir los animales. 

Aquella diáfana y atrevida opinión no gustó demasiado al propietario. Los asistentes, algo alejados, comentaban el rifirrafe. El séquito se despidió pero no todo volvió a ser como antes.
Este hombre tan singular, continuaría aunque no por mucho tiempo, rigiendo los destinos de la Encarnación de Jabalquinto. Dejamos para otra ocasión otras muestras de su labor que aún son recordadas por quienes con él las vivieron.


























































































































sábado, 3 de diciembre de 2011

EL FOLKLORE POPULAR JABALQUINTEÑO


Comparsa de carnaval en la plaza del pueblo.


















Antonio García Sanz

La vida de los pueblos se dilata proporcionalmente al corazón de sus gentes; esas gentes trabajadoras que aún sin saberlo han ido sembrando grano a grano su cultura, en su escaso descanso, para que otros beban ahora los frutos de la cosecha de su tiempo y la presenten, orgullosos, a los demás como joya oculta y apreciada.
Doy las gracias de antemano a mis apreciadas vecinas vecinas: Paula, Pepa, Lucía, Angustias, Lola y especialmente a mi tía Paz y mi querida madre Mercedes que me cantaron tantas veces, entusiasmadas, poniendo a mi alcance gran parte de las letras de estas canciones populares que ahora ofrezco al lector. La mayoría de las coplillas de carnaval y de ruedas pasan de la excelsa memoria de mi amigo Francisco Escudero Soriano, al papel, gracias al amor que ambos compartimos por nuestro pueblo.

COPLILLAS DE ÉPOCA DE MELONARES.

En los pueblos que viven de la agricultura, como es el caso de Jabalquinto, muchos jornaleros pedían prestada al propietario un trozo de tierra para sembrar su melonar. Allí construían una “confortable” choza que hacía de hogar familiar mientras se desarrollaban las matas y crecían los frutos de su sudor. Después vendían los productos cosechados, en este y en otros pueblos vecinos, acarreándolos en cerones con bestias. Los niños y niñas entonaban alegres cancioncillas mientras paseaban por las calles del pueblo las sandías más hermosas, decoradas con dibujos realizados en la corteza con un objeto punzante: sol, estrellas, luna, escalera, números etc. Un canto de vela encendida, introducido en el corazón del fruto contribuía a la iluminación de los penumbrosos rincones del pueblo. Todavía recuerdo como se divertían, mi hermana Marípaz y sus amigas: Lucía Escudero, Lucía López, Estrella Sánchez, Concha Sánchez, Marí Patro Nofuentes, Pepi Martínez, Charo Ortega…

La que más sonaba:

Soy la farolera de la puerta del sol
cojo mi escalera y enciendo el farol
ya que está encendido me pongo a cantar
y siempre me sale la cuenta cabal.
Dos y dos son cuatro
cuatro y dos son seis
seis y dos son ocho
y ocho dieciséis
y ocho veinticuatro
y ocho treinta y dos
ánimas benditas
me arrodillo yo.

Otra decía así:

La calle ancha de san Fernando
tiene una fuente con doce caños
con doce caños de agua hermosa
para las niñas de Zaragoza
en Zaragoza lo que ha ocurrido
es que la calle ancha se ha caído
si se ha caído que la levanten
dinero tienen los estudiantes
los estudiantes no tienen nada
tan solo un plato para ensalada.

LAS COPLILLAS DE LAS RUEDAS

Ligadas a las fiestas religiosas de la Candelaria, San Antón y San Blas, que coinciden con la época de la poda del olivar, entre enero y febrero, los vecinos acarreaban con sus yuntas, haces de ramón, que iban apilando en las puertas de sus casas. Entrada la noche salían a la calle para encender la hoguera y vivir en torno a ella una fiesta vecinal y popular que los mozos y mozas aprovechaban para danzar en la rueda hasta altas horas de la madrugada. Esta situación era aprovechada en ocasiones por los mozos para acercarse a su moza e insinuarle sus amorosas intenciones.

La preferida de todos y todas:

Rio verde rio verde
rio de tantos colores
tantos como el rio tiene
así son todos mis amores.
Que salga la dama la dama a bailar
que salga la dama la de camelar
la de camelar la camelo yo
que salga la dama la dama soy yo.

Las gracietas de los mozos llegaban hasta este extremo:

“Esa que hay adentro échala afuera
porque tiene la pata de cantarera
dale con el “e” con el “e” con el hacha
dale con el “e” con el “e” que no se vaya”.

Bien conocida era esta copla que he podido ver en más de un cancionero popular:

Tiene la tarara un vestido blanco
que sólo se pone para el Jueves Santo.
La tarara si la tarara no
la tarara niña me la bailo yo.
Tiene la tarara unos pantalones
que de arriba a bajo todo son botones.
La tarara si…
Dice la tarara que va a ir de campo
ni tiene vestido ni zapatos blancos.
La tarara si…
Dice la tarara que se va a casar
no tiene vestido ni ramo de azahar.
La tarara si…
Dice la tarara que no tiene novio
debajo la cama tiene un san Antonio.
La tarara si...

Haciendo irónica alusión a los pretendientes:

Un Antonio me lo ha dicho
y otro me lo va a decir:
¡Jesús, con los dos antonios
lo que se acuerdan de mi!.

Esta copla se interpretaba para “tirar los tejos a las mozas”. Un pañuelo servía de medio para la ocasión:

Tiré tu pañuelo al rio
que será muy despreciado
recógelo de manera
por ser de tu bien amado ay, ay.
Así me lo pongo al lado
así a lo bandolero
así a lo sevillano
esta es la mujer que quiero ay, ay.
Que bonita está una parra
con los racimos colgando
más bonita está una niña
con catorce o quince años.
así me lo pongo…

COPLAS DE ENAMORADOS

Rondando alrededor de la lumbre y con semblante tímido, empujados discretamente por los más allegados, la nueva pareja terminaba en el centro, rodeada por todos, girando y girando sin parar mientras se entonaban cancioncillas como esta:

Esos dos que hay en medio
Que parejillos que son
Si la vista no me engaña
El novio y la novia son.

COPLAS DE CALABAZAS

Son coplillas cargadas de ironía de la moza para el mozo; se interpretaban cuando el mozo no era del agrado de la moza, aunque ateniéndonos a la letra parecen no dejar la puerta del todo cerrada a un posible entendimiento.

Eres alto y delgado como el hinojo
Y lo que tienes de alto tienes de flojo.

Con referencia al coeficiente intelectual de algunos:

Eres más tonto, más tonto
Eres más tonto que aquel,
Que llevó la burra al agua
Y la trajo sin beber.

Esta sin embargo trata el tema de la poca delicadeza de los mozos en el trato con las mozas:

Parecen los mozuelos con los abrigos
Burros aparejados que van a por higos.

Estas precisas y breves coplillas, interpretadas alternativamente por ellos y ellas, se mezclaban con el frescor de la madrugada ensalzándose en un debate musical que hacía las delicias de los concurrentes.

COPLAS DE CELOS

A veces surgían disputas entre mozas al compartir gusto por el mismo mozo. De este sentimiento insano nacían también bellas coplillas:

Estoy metida en un pozo
El agua hasta la cintura
Ella de pena se muere
Y yo con tanta frescura.

Esta es de fino ingenio:

Olé María tu novio
Me lo encontré en la carrera
Que venía de beber
Agua de” La Fuente Nueva”.

COPLAS DE LAVANDERAS

Hasta los primeros años de la década de los sesenta no llegó el agua potable hasta los hogares de Jabalquinto. Este preciado y escaso bien se compraba a los “aguaores” por cargas, medias cargas o cántaros sueltos. Los cántaros, recipiente de barro para transportar y reservar el agua, se depositaban en unos sencillos muebles, denominados “cantareras”, que situados en un lugar fresco de la casa, servían para saciar la sed de los que la habitaban. Lavar la ropa mediante cántaros de agua era demasiado caro y las mujeres se desplazaban a pie o en bestias hasta los pilares y fuentes, diseminadas en parajes relativamente cercanos a la localidad: Fuente Nueva, Ventosilla, Pilar Jardín, Palomarejo, etc. En el trayecto se entonaban irónicas y sencillas canciones. La muestra que se ofrece al lector servía para quejarse del mal estado en que se encontraba por entonces el ya desaparecido “Pilar de Ventosilla”, a unos dos kilómetros al sur de la localidad.

Jabalquinto ya no es Jabalquinto
Jabalquinto es la puerta del sol,
a Jabalquinto le falta un detalle
y ese detalle bien lo sabemos “tos”,
que le hagan un lavadero
“pa” que las mujeres vayan a lavar
y el pilar de Ventosilla lo dejen
que está hecho un puro fangal.
¡Ay que rebién”, ¡ay que atrocidad!
a Jabalquinto no le falta “na”.

COPLILLAS DE ACEITUNERAS

Existía en la antigüedad una fiesta, que aún se celebra, aunque de forma bien distinta, muy vinculada con la tradicional tarea agrícola de recogida de la aceituna. En ella participaban los aceituneros y aceituneras al terminar la campaña. Costeada por el propietario de las fincas de olivar se organizaba un ágape en el mismo lugar donde se producía el “remate”. En esta “Butifuera”, nombre que se le da a la fiesta, se entonaban ciertas cancioncillas de temas relacionados con la propia tarea. Aquí va una muestra:

De la uva sale el vino
de la aceituna el aceite
y de mi corazón sale, ¡ay!,
cariño para quererte.
Anda diciendo la gente
que nos queremos los dos
niégalo tu vida mía
que también lo niego yo.
Eres alta y buena moza
no te lo presumas tanto
que también las buenas mozas, ¡ay!,
se quedan pa vestir santos.
Eres más chica que un huevo
y ya te quieres casar
anda ve y dile a tu madre
que te enseñe a trabajar.

Esta otra, muy breve, la entonaban los aceituneros y aceituneras al regresar del “tajo” a sus casas por aquellos caminos de Dios, después de dar el jornal y con los capachos bien repletos de aceituna:

Aceituneros del pio pio,
¿Cuántos capachos habéis “cogío”?.
Capacho y medio
porque ha “llovío”.

COPLAS DE CARNAVAL

Ha decaído mucho esta fiesta callejera en nuestra localidad, pero en la antigüedad, cuando incluso llegó a estar prohibida, paradójicamente, los mozos y mozas se agrupaban en comparsas que alegraban y llenaban de colorido y vida, las calles del pueblo, con sus atuendos y coplas. Las coplillas, fantasiosas y atrevidas, ponían a prueba la imaginación de cuantos las escuchaban:

Las muchachas de Jabalquinto
están todas amarillas
de comer tocino añejo
y no probar la morcilla.
y nosotros le decimos
con muchísima razón:
el que no lo haya probado
aquí tiene la ocasión.

Esta es de muy buen gusto:

Quien quiera beber buen vino
que vaya “casa Bartolo”
que es el mejor que se bebe
en todito el territorio.
Nosotros lo hemos probado
y sabemos como es
por eso recomendamos
que vayan allí a por él.

Fue “Bartolo” un tabernero con fama de servir buen vino, al menos eso parece según lo que cantaban las comparsas en la puerta de la taberna, cuando se despedían después de tomar un trago, antes de seguir con el trajín callejero.

Otra más:

Ángel pintado tiene grandes bodegas
el que trae el vino a “Rajatelas”.
con alegría le vamos a decir
que nos eches un trago
que nos vamos ya de aquí.

Como bien podemos deducir, la comparsería, ni perdía el tiempo, ni pasaba sed. Bien parece, de igual modo, que cohabitaban en el pueblo por entonces un buen número de tabernas; en este caso la de “Rajatelas”, donde apagarían su pena y sed nocturna los hombres del pueblo, mientras Ángel Pintado hacía su agosto particular.

COPLAS DE FAENAS AGRÍCOLAS

Si es usted de Jabalquinto, querido lector, sobra la explicación. En el caso de que no lo sea, le conviene saber que estos parajes rurales, por la excelencia de sus tierras y la benevolencia de su clima hacían crecer “siembras” de extraordinaria vitalidad produciendo gran cantidad de grano. Hoy sin embargo se ven cubiertas de olivares como la práctica totalidad del término.
Los jóvenes jornaleros rivalizaban mientras segaban el grano; entre tanto el propietario con su irónica sonrisa parecía complacido.

Esta coplilla desvela la antesala del tiempo de la siega:

Porque en “las Rozas”,
en “los Carchales”,
y también en “el Chaparral”
se crían trigos tan resistentes
que a todos ellos hace sudar.
Los de las eras están preparados
y todo el pueblo en general
esperando que llegue junio
para poderlo recolectar.
¡Vaya un año hermoso que nos ha "mandao" Dios!.

COPLAS DEL ROSARIO DE LA AURORA

El rosario de la aurora se celebraba al alba y partía de las puertas del templo o Parroquia de la Encarnación recorriendo las principales calles de la localidad. Tomó gran auge con la llegada de los padres misioneros (Labastida y Sebastián) que vinieron al lugar para celebrar las misiones en los primeros años posteriores a la finalización de la Guerra Civil Española. Cantando el rosario, mayores y jóvenes recorrían las calles del pueblo. Al terminar la procesión los más bromistas aproximándose a las ventanas y balcones de los amigos y amigas ausentes, les entonaban canciones como la que sigue; ellos a su vez, les contestaban desde la cama aún no hartos de dormir y esquivando las bajas temperaturas:

Los que van al rosario
no tienen frío,
los que están en la cama,
están arrecíos.
¡Viva María, viva el rosario
y viva santo Dmingo
que lo ha fundado!.
Al revés te lo digo
pa que me entiendas
y si no te lo crees
sube y me tientas.
¡Viva María, viva el rosario
y viva santo Domingo
que lo ha fundado!.

COPLA A SAN ISIDRO LABRADOR

Como pueblo de agricultores, Jabalquinto dedica fiesta a su patrón, San Isidro Labrador. Por la mañana se celebra solemnemente la fiesta religiosa con una Eucaristía y la posterior bendición de los campos desde la lonja de la parroquia.
Después de la comida de hermandad, que tiene lugar en algún bar-restaurante de la localidad, procesionan las carrozas, que engalanadas y decoradas con motivos relativos a las tareas agrícolas, recorren las principales calles de la localidad mostrando al espectador el arte y el buen gusto que caracteriza a nuestros habitantes. San Isidro, cierra el cortejo, ante el cual los más devotos piden fervientemente en sus oraciones por la abundancia de las cosechas. Los mayores aún entonan coplillas al santo.

Labrador si tu quieres
frutos del campo
los tendrás abundantes
con el rosario.
¡Viva María,
viva el rosario,
y viva san Isidro
patrón del campo!.
Labrador si tu quieres
fruto en el campo
rézale a san Isidro
patrón del campo.
¡Viva María,
viva el rosario,
y viva san Isidro
patrón del campo!.

COPLAS DE ROGATIVAS

En distintas ocasiones, a lo largo de la dilatada historia de nuestro pueblo se ha tenido que solicitar el influjo del cielo pidiendo el beneficio de la lluvia mediante fervorosas rogativas. El día 5 de marzo de 1931, los jabalquinteños, habiendo agotado ya la reserva de súplicas y oraciones, hubieron de sacar procesionalmente a la venerada imagen de su patrón, Nuestro Padre Jesús Nazareno, para volver a pedir el agua que tanto necesitaban. Dos años llevaban los campos sin recibirla y las pírricas cosechas no eran suficientes para alimentar a las desoladas familias. La cofradía de Jesús Nazareno custodia un documento redactado por un jornalero jabalquinteño que vivió intensamente aquellas jornadas de incertidumbre. En este documento, donado por la familia a la cofradía se relata con detalle todo lo acontecido:
“… y durante el trayecto, se cantan por centenares de voces, cánticos de alabanza al Señor, pidiendo misericordia y las lluvias beneficiosas para tanto sembrado.
Ya casi agotados, viéndose lágrimas furtivas en el semblante de muchos hombres y madres de familia, que al paso de tan adorada imagen de Nuestro Padre Jesús le imploran con todo su corazón remedio para sus inocentes hijos, amenazados por el ya referido fantasma del hambre”.
Esta copla de rogativas, de autor anónimo,nterpretada por "centares de voces”, niños y niñas del colegio acompañados de sus maestrosde la localidad, según reza el texto del documento.

AJesús le estoy pidiendo
con unas voces muy grandes
que nos riegue nuestros campos
que nos morimos de hambre.
oh Nazareno:
pues tú que subes
haz de las nubes
agua brotar
porque sin ella pereceremos
y moriremos de hambre mortal.
A pedir nos enseñaste
el alimento diario
y a dárnoslo te obligaste
en la cima del calvario.
oh Nazareno:
pues tú que subes
haz de las nubes
agua brotar
porque sin ella pereceremos
y moriremos de hambre mortal.
eres padre de los pobres
consuelo del afligido
y te pedimos perdón
y que riegues nuestros trigos.