martes, 4 de agosto de 2026




 

FÚTBOL ES FÚTBOL

 

Ni que decir tiene que el deporte nacional es el fútbol, incluso solemos decir que el fútbol mueve pasiones; tanto es así que el país puede quedar paralizado, parcial o totalmente, ante cualquier partido decisivo que enfrente a nuestros equipos punteros en campeonatos internacionales o a éstos, entre sí, en las distintas competiciones nacionales. No digamos si en las finales, de alto nivel, se encuentra inmersa nuestra selección nacional, popularmente conocida como “La Roja”, tanto en versión masculina como femenina como ha ocurrido, recientemente, con la consecución del campeonato mundial por parte de nuestra selección nacional femenina y hace unos días, la masculina.

¡Cómo olvidar el gol de Iniesta o el de Olga, o el de Ferrán Torres!

Esta pasión, deportivo-social se ha desatado este mismo año, hace apenas un par de meses, en nuestro pueblo. El C.D. Jabalquinto, un equipo modesto ha hecho historia con ganas e ilusión al ascender, brillantemente, a la Primera Andaluza. La masa social, junto a su presidente, Isidro Sánchez Martínez, se sumó a la fiesta en la pasada tarde noche del día ocho de mayo para festejar este momento histórico para nuestro equipo y para nuestro pueblo. Un grupo de chavales, bien organizado, nos ha robado el corazón, andando y andando las principales calles de la localidad sobre el camión de “Los Cuevas”, entre el entusiasmo desbordado de la población.

Rastreando nuestra historia descubrimos que fueron los trabajadores británicos venidos hasta nuestra tierra andaluza, a finales del siglo XIX, los que trajeron un balón bajo el brazo echándolo a rodar sobre ella para divertirse y ocupar su tiempo de ocio al salir de sus entrañas.

En Rio tinto (Huelva), El Centenillo, Linares y La Carolina (Jaén), se dibujaban con yeso las primeras ilustraciones del libro del fútbol nacional.

El primer club inscrito fue el “Club de Recreo de Huelva”, cuya fundación data de 1889.

Hasta el año 1890 no se celebró el primer encuentro oficial entre el conocido como “Decano” y el Sevilla.

A partir del siglo XX los clubes de fútbol comenzaron a expandirse por todo el país, algunos con la distinción de “Real”, por fundarse en tiempos de la Restauración Nacional.

La primera competición conocida fue “La Copa Macaya” creada el 6 de enero de 1891 y celebrada entre 1900 y 1904 en Cataluña.

Sería en 1902 cuando se llevó a cabo la primera competición nacional, conocida como “Copa de la Coronación”, hoy “Copa del Rey”.

En el año 1886, la explotación “Centenillo Silver Lead Company Limited” se instala en el lugar para extraer los ricos minerales de sus profundidades, al igual que en La Carolina y Linares. Aún existen, en El Centenillo, el primer campo de fútbol y cancha de tenis que los mineros construyeron con sus propias manos.

De esta forma, el fútbol, el tenis o el billar se introdujeron en una sociedad deprimida por culpa del analfabetismo y la ausencia del deporte y el ocio.

Así, el entusiasmo por el deporte rey se extiende como la pólvora por nuestra geografía jiennense, andaluza y española.

En nuestro propio pueblo, grupos de jóvenes, practicaban el fútbol en las primeras décadas del siglo XX.

Los niños, como buenos imitadores, se organizaban entorno a las añoradas “eras”, donde otrora, los agricultores, en su tiempo sacaban el grano con que sustentar la vida propia y la ajena.

“La de D. Jacinto”, “la empedrada”, “el bombo” y otras cuantas más se convertían, por entonces, en los grandes estadios donde mostrar las grandes virtudes futbolísticas.

“El Llano”, lugar amplio y diáfano, se postulaba como terreno oficial donde celebrar los encuentros locales entre los nuestros y los de los alrededores.

Samuel y Juanito Vargas, con su delicado olfato comercial, organizaban encuentros con el objetivo de abastecer de equipaciones y balones a aquellos nutridos grupos de futbolistas surgidos para la ocasión.

En la cuarta y quinta décadas del siglo XX convocaban a los jóvenes futbolistas a encuentros comarcales que, con el único trofeo de la honra de ganar o el clásico ramo de flores y beso a la guapa de la feria, participaban llenos de ilusión y amor a lo suyo.

La competición principal era, sin duda, la “Copa de Feria”, a cuya final acudía el pueblo en masa que, entusiasmado, animaba con fuerza y tesón a su equipo distribuyéndose a lo largo y ancho del perímetro del rectángulo de juego. Cada gol local suponía el anticipo de la traca final, de “el castillo” de fuegos artificiales anunciador del fin de las fiestas patronales.

En los primeros años de la década de los sesenta, D. Alberto Pagonabarraga Gaztelurrutia, cura párroco de la Encarnación, con el sano y santo propósito de atraer a la feligresía juvenil fundó el “Club de la Juventud”, desde el cual y a través de la imagen, los juegos y el deporte ejercía, con eficacia, su pastoral.

Organizaba partidos en los que se ganaba el derecho de asistencia abonando, previamente, la escasa cuantía de la entrada a modo de donativo. La recaudación servía para dotar al club de medios para el entretenimiento, balones y equipaciones deportivas.

Aún resuena, en los oídos de los más mayores, aquel famoso dicho que llevaron a la fama los asistentes a los encuentros, ante la pregunta de los que no pudieron asistir:

 -¿Cómo hemos “quedao”?

-“Tres a cero y Juanillo de portero”; que a la postre se convirtió en el grito de guerra del éxito, al ser Juan Jurado Martínez el portero del equipo local y no haber encajado ningún gol.

Asistí, de niño, de la mano de mi padre, a aquellos concurridos eventos deportivos, domingueros. El gentío me impedía observar con normalidad su desarrollo. Me colocaba sobre unos grandes basamentos, rectangulares y octogonales, que circundaban el terreno de juego y que, en su tiempo, sirvieron de trono a las diversas cruces de madera que delimitaban el camino del mismo nombre por el que transcurrían los santos viacrucis que se celebraban cada viernes de cuaresma.

Digno de recuerdo es el encuentro de fútbol celebrado en la antigua era de “el bombo”, entre “el yeso” y “la gasolina”, en junio de 1970. Como habrá deducido el lector los integrantes de ambos gloriosos equipos hicieron honor al nombre elegido para la famosa contienda deportiva. Los del yeso, jóvenes albañiles, más en forma como es natural, vencieron a los de la gasolina, expertos conductores, y el humor y los abrazos sobresalieron aquella magnífica tarde.

A partir de entonces se fueron sucediendo los equipos en nuestra localidad con más o menos entusiasmo y organización.

En la actualidad, como ya conocemos, el C.D. Jabalquinto luce su “Andar y andar”, en competición oficial por todos los rincones de la provincia acompañado, multitudinariamente, por la “marea naranja”, llenando los estadios de alegría, color e ilusión.

Que no falten nunca en nuestra sociedad el deporte y la cultura como grandes valores que la dinamiza y la engrandece.


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