sábado 30 de mayo de 2009

LA ERMITA DE LA CARRERA


Antonio García Sanz.



La Ermita de Ntra. Sra. de las Mercedes y San Juan Bautista, es conocida popularmente como “La Ermita de la Carrera” por haber sido construida en este enclave, antiguo paseo público (Carrer) de la localidad.

Fue construida por orden de la Sra. marquesa Dña. Catalina de Rojas y Sandoval, esposa de Manuel de Benavides III, nieta del Marqués de Denia y sobrina del que fuera obispo de Jaén y Arzobispo de Toledo, D. Baltasar Moscoso y Sandoval (1589-1665).

Este sencillo edificio religioso, hoy, en un estado de conservación deficiente, “fue bendecido por el licenciado D. Francisco de la Fuente y Bergara, prior de La Encarnación, el cinco de julio de 1637, en virtud de facultad concedida por D. Baltasar Moscoso y Sandoval” que en este tiempo confió las obras de la Catedral de Jaén al arquitecto Juan de Aranda y Salazar, de Castillo de Locubí. El citado prior, nombró mayordomo de la fábrica de la Ermita a Diego de la Guardia, vecino de la villa, el 29 de noviembre del mismo año.

“En 1722 se le añadió media naranja para la devota imagen de Ntra. Sra. de las Mercedes, remitida al efecto por D. Antonio Alfonso Pimentel, XI Conde de Benavente, y en el de 1779 un camarín, adonde se trasladó desde la parroquia la divina y milagrosa efigie de Jesús Nazareno, estándolo en el cuerpo o nave de la misma, la de San Antonio Abad, San Juan Bautista y San Marcos, traído éste de su ermita, a quienes entre año se hacen fiestas y rogaciones públicas, con lo que está siempre el santuario muy concurrido”.

De los bienes de la Ermita se conserva un inventario fechado el 17 de noviembre de 1796, encontrado en el archivo parroquial de la Encarnación en el año 1989. En él se enumeran todas las imágenes mencionadas por Mateo Francisco de Rivas y Soriano en su conocida “Memoria Histórica sobre Jabalquinto Reino de Jaén”, de cuyo texto se ha extraído el párrafo anterior.

En el inventario se puede leer también lo siguiente: “Se trajo la corona nueva de Nuestro Padre Jesús, con sus adornos y sus tres potencias, que pesa diez y siete onzas y media. La ha costeado Fernando Troyano por devoción y ofrenda que tenía hecha, habiendo fundido y aprovechándose para ello la corona vieja, cuya plata era tan inferior, que sólo le pagaron 12 reales. Se hizo con mi intervención”; manuscribe el que fuera entonces prior, Dr. D. Francisco Jerónimo Retana.

Este templo se vio gravemente afectado por el famoso terremoto de Lisboa ocurrido a las 9h y 20´ del día de “Todos los Santos” de 1755, que “ocasionó el hundimiento de su techo y de su suelo" por lo que sería devuelta al templo la imagen de Ntro. Padre Jesús, donde permanece en la actualidad como patrón de todos los jabalquinteños. El Mº. D. Felipe de Molina y Cabrera, 24º prior, natural de Baeza, fallecido en Jabalquinto el 25 de febrero de 1803 y enterrado en la iglesia parroquial de esta villa, hubo de acometer las necesarias obras de rehabilitación del templo.

En su interior se dio cristiana sepultura, en lugar distinguido, a los sacerdotes D. Blas de Ávila y D. Juan Ramón Conejero en 1814 y 1829, según se puede leer en el documento del archivo parroquial: “Serie cronológica de los Priores de la Iglesia Parroquial de Jabalquinto desde la creación de su curato en Beneficio. 1665-1955”.

Esta ermita, de reducidas proporciones, situada extramuros de la antigua villa, está rodeada de una cerca de piedra de unos tres metros de altura, construida en 1820, siendo párroco D. Francisco Hernández y Villa Sansón.

Siguiendo al profesor Ruiz Calvente en su artículo publicado en “Diario Jaén”, esta ermita es de estilo conventual, propio de la época, y presenta una fábrica de planta rectangular con el tejado construido a dos aguas.
Los estilos conventuales incluían frecuentemente un atrio frente a la puerta de entrada al templo y una cruz de piedra en las inmediaciones. Es bastante probable que “La Cruz de la Carrera”, retirada desafortunadamente de este entorno en la década de los setenta, formara parte de este conjunto artístico religioso.

La fachada se compone de una puerta con arco de medio punto, incluyendo una clave en forma de trapecio que resalta sobre el arco.

Alberga una pequeña cornisa sobre la que se centra un óculo y a ambos lados de este, destacan un par de piezas de sillar de forma rectangular.

En el centro superior de la fachada, una sencilla espadaña de un solo vano de medio punto y un frontón triangular.

En la actualidad se encuentra desacralizada y acondicionada como vivienda, aunque no habitada.

De no actuar de inmediato sobre este emblemático edificio, centinela secular de gentes, ríos, pueblos y caminos, perderemos sin sentido ni razón una buena parte de nuestras señas de identidad.


BIBLIOGRAFÍA:


1) Memoria Histórica sobre Jabalquinto Reino de Jaén. Mateo Francisco de Rivas y Soriano. 1816.
2) Archivo Parroquial de Jabalquinto.(APJ). Documentos varios.
3) Diario Jaén. Ruiz Calvente.

jueves 2 de abril de 2009

NUESTRO PADRE JESÚS NAZARENO


Antonio García Sanz.

Introducción

Hace tiempo que sentía la necesidad de llenar el vacío histórico de la sagrada y venerada imagen de Jesús Nazareno. Desde entonces vengo recopilando datos de distintos archivos y también, de muchas personas amigas que me han ayudado en tal propósito. Pretendo, ante todo, que cada jabalquinteño, donde quiera que esté, pueda decir algo más que: ¡Qué hermoso es!.

En honor a la verdad y a pesar de todo, no son demasiado abundantes las referencias localizadas pero si suficientes para atreverme a iniciar lo que un día me propusiera.

La imagen
En una pequeña capilla de la parroquia de Ntra. Sra. de la Encarnación de nuestra localidad se erige, majestuosa, la bella imagen del Hijo de Dios cargando la pesada cruz sobre su hombro. Su rostro, transido de dolor, muestra la generosidad, la entrega y el amor a la humanidad entera puesto de manifiesto en la Pasión. Sus manos, que sostienen el madero, parecen regalar el abrazo a todos cuantos, afligidos, se acercan a Él en busca de consuelo. Una sencilla túnica, hasta los pies, deja entrever el duro y lento caminar hacia el calvario.

Se trata de una talla completa realizada en madera, de vestir, brazos articulados y cabellera al natural que a lo largo de su historia ha sufrido por diversas causas varios procesos de restauración pero que a pesar de ello sigue conservando los rasgos característicos que nos autorizan a decir que es el nuestro, el de siempre.
Desgraciadamente se desconoce el autor; sin embargo y a la luz de su análisis artístico, bien podría tratarse de un trabajo procedente del taller de los hermanos Mora (Escuela Granadina del siglo XVII), o tal vez de alguno de sus discípulos. (Comisión de arte del obispado de Jaén). Recientemente, en un artículo publicado en la revista “Arte sacro”, Fray Juan Dobado Fernández, lo vincula a Alonso de Mena, también de la Escuela Granadina.

Su historia

No conocemos el motivo, ni tampoco la fecha concreta en que Nuestro Padre Jesús Nazareno llegó a nuestro pueblo. Sin embargo se sabe que en principio se veneró en “la parroquia de la Concepción, hoy de la Encarnación y en otro tiempo de Santa María”.(Atlante español. Bernardo Espinalt.) De ahí y posiblemente por el capricho de algún marqués o marquesa fue trasladado hasta la Ermita de Ntra. Sra. de las Mercedes y San Juan Bautista, justificándose así que durante algún tiempo se la conociera también como: “La Ermita de Jesús”.

Mateo Francisco de Rivas y Soriano, historiador local, a propósito de ello, escribió en 1.797: “En 1.779 se construyó un camarín adonde se trasladó desde la parroquia la divina y milagrosa efigie de Jesús Nazareno”.

De los bienes de dicha Ermita se conserva un inventario, sin fechar, del cual reproducimos a continuación sólo lo referente al asunto que nos ocupa.


"Inventario de los bienes de la cofradía de Jesús Nazareno, ropa de vestir de la sagrada imagen".

411.- Una corona de plata de lujo de Jesús Nazareno, con piedra y adornos de lo mismo que pesa ocho onzas menos cuarta.

412.- Una media cruz que le sirve en el nicho.

413.- Una cruz grande con su tornillo que sirve a Jesús en las andas.

414.- Unas andas con cuatro estantes y sus tornillos correspondientes.

415.- Una mesa de pino para poner al santo en las andas.

416.- Un estandarte morado, con su lámina, astil de madera y cruz de lo mismo, que guardan los hermanos que tiene la hermandad, casa del hermano mayor, con la cera correspondiente.

417.- Dos túnicas blancas de lienzo delgado con sus encajes.

418.- Una túnica de terciopelo morado, guarnecida de oro falso, con cordones de oro falso; vieja.

419.- Otra túnica de terciopelo morado, nueva, guarnecida de oro falso, formado en lunas, aplomado con cordones y anoncillo de oro fino.

420.- Una cabellera nueva.

421.- Otra cabellera puesta.

422.- Un cirineo de hierro para la cruz en las andas.

423.- Una imagen de Jesús Nazareno de cuerpo entero, de vestir, que se halla en el camarín.


“El 17 de noviembre de 1.796 se trajo la corona nueva de Ntro. Padre Jesús con adornos y tres potencias, toda fina que pesa diez y siete onzas y media. La ha costeado Fernando Troyano por devoción y ofrenda que tenía hecha; habiendo fundido y aprovechándose para ello la corona vieja cuya plata era tan inferior que sólo le pagaron doce reales. Se hizo todo con mi intervención”, redacta el cura ecónomo Dr. D. Francisco Jerónimo Retana, 25º prior de esta villa. Este templo se vio gravemente afectado por el famoso terremoto de fines del XVIII que hundió su techo y su suelo por lo cual la milagrosa imagen de Ntro. Padre Jesús fue devuelta a la parroquia, donde permanece en la actualidad. No se tienen noticias de que la imagen se viera afectada en el derrumbamiento. Muy posiblemente al encontrarse alojada dentro del Camarín, construido apenas unos años antes, no sufriera desperfecto alguno.

Desconocemos desde cuando, “Jesús”, como todos le llamamos con cariño, es el patrón de todos los jabalquinteños; sin embargo disponemos de algunos datos indicativos del fervor que el pueblo le ha profesado desde siempre.

El traslado a la ermita y la consecuente afluencia de fieles que según Mateo Francisco de Rivas y Soriano se observa a partir de esa fecha parece avalar la teoría de que para los jabalquinteños se trataba de mucho más que una devota imagen.

Algunos hemos oído hablar y otros han vivido a su lado momentos dignos de ser mencionados para su conocimiento. Por ello me atrevo a reproducir un manuscrito de un jabalquinteño que vivió la siguiente experiencia, si bien por deseo expreso de la familia que gentilmente lo facilitó, no mencionaremos su nombre pero sí nuestro profundo agradecimiento.

Rogativas

Jabalquinto día 5 de marzo de 1.931

“En muchos pueblos andaluces, se ha pedido clemencia al cielo mediante fervorosas rogativas, sacando procesionalmente las imágenes a fin de lograr que termine esta pertinaz sequía que les aterra con el fantasma del hambre; teniendo en paro forzoso a tantos padres de familia, y en perspectiva, la pérdida de una segunda cosecha que con seguridad vendría a ser, tal calamidad, el broche de una verdadera catástrofe.

Jabalquinto, como pueblo andaluz participa también de tan temida amenaza, y como pueblo católico y creyente en la omnipotencia divina; en estos momentos de tribulación llama en auxilio a su amantísimo Padre, a su Padre Jesús Nazareno con esas fe viva y esa esperanza tan grande con que todo hijo sabe pedir, llamando a la bondad de su padre remedio para sus males.

Hace meses que los campos no han recibido el influjo beneficioso de la lluvia. Los obreros se encuentran parados. Las siembras amenazan con secarse y la segunda cosecha se ve próxima a perderse por completo.

El pueblo, poseído del más doloroso espanto. Pero es un pueblo cristiano y como tal, amantísimo de la sagrada imagen de Jesús Nazareno; cuyos habitantes todos se llenan de gozo al llamarle Nuestro Padre Jesús; y a El impetran el auxilio de la divina gracia en estos momentos de dolor, organizando una procesión de rogativas el pasado día cinco, sacando la sagrada imagen en cuya procesión, la Iglesia y autoridades locales se ven seguidas del pueblo en masa, con sus cuatro escuelas nacionales, con más de trescientos niños y niñas al lado de sus profesores y cofradía existente, recorriendo las afueras del pueblo, llamadas el llano y las erillas, recogiéndose en el templo ya bien entrada la noche, cuando había salido del mismo a las cuatro y media de la tarde.

Durante el trayecto, se cantan por centenares de voces, cánticos de alabanza al Señor, pidiendo misericordia y las lluvias beneficiosas para tanto sembrado.

Ya casi agotados, viéndose lágrimas furtivas en el semblante de muchos hombres y madres de familia, que al paso de tan adorada imagen de Nuestro Padre Jesús le imploran con todo su corazón remedio para sus inocentes hijos, amenazados por el ya referido fantasma del hambre.

Han pasado algunas horas, y esa misma noche del día cinco, a las dos de la madrugada empezó a llover, terminando la pertinaz sequía, sostenida por tantos meses, trayendo el júbilo a todos los corazones.

A esta hora intespectiva, notáronlo algunas personas trasnochadoras que seguidamente se decidieron a pedir el permiso a nuestro párroco, don Genaro Medina para voltear las campanas de la parroquia, y el pueblo al oírlas se lanza a la calle para acudir al templo, que se llena por completo de personal en alabanza a Dios y dando entusiastas vivas a Nuestro Padre Jesús.

Por todas las calles, hombres, mujeres y niños, todos llenos de júbilo por la lluvia que ya riega los campos, se dirigen a la iglesia entre las dos y tres de la madrugada, registrándose escenas de sincera veneración y verdadero cariño popular hacia Jesús. Y allí permanece el pueblo hasta las seis de la mañana en que se celebra una solemne fiesta en acción de gracias precedida de gran número de confesiones, dándose la comunión por nuestro párroco que pronunció una sentida y fervorosa súplica a Nuestro Padre Jesús pidiéndole que siempre conceda a este pueblo remedio en sus aflicciones.

Ya entrado el día que parecía algo despejado, muchos labradores salieron al campo para el trabajo, pero sólo sirvió tal salida para que por todo el término rural de Jabalquinto se oyeran los vivas a Jesús, que proferían dichos trabajadores unos a otros. Al ver que la lluvia arreciaba retornaron al pueblo, entrando todos mojados hasta más no poder, pero con el mayor entusiasmo.”

La cofradía

De los antecedentes históricos de la cofradía, se poseen algunos datos bastantes interesantes, a mi parecer, que conviene destacar en este apartado:
“En 1.773, habían fundadas por la piedad de los fieles tres hermandades sin aprobación y en uso, las cuales son las de Jesús Nazareno, Soledad de María Santísima y San Juan Evangelista, que observan el propio gobierno de otras” que si estaban aprobadas por la autoridad eclesiástica. "Y sacan la primera procesión del Viernes Santo por la mañana, la segunda la de la tarde y la tercera la del Domingo de Pascua de Resurrección, habiendo sacado también la suya la de la Veracruz el jueves de antemano.”
En 1.777 pleitean las cofradías de la Veracruz y la de Jesús Nazareno por sacar la procesión del Resucitado.

El veintitrés de marzo del mismo año, se celebra concordia entre dichas cofradías en relación con el derecho de sacar la mencionada procesión, sobre lo cual habían mantenido diferencias en los últimos años.

Se le dio salida a este conflicto sacando la procesión ambas cofradías en años alternos.

De esta fecha a nuestros días no poseemos, de momento, datos de importancia, aunque es conveniente mencionar que el día veinticuatro de julio de 1.995 fueron aprobados los estatutos de la actual cofradía por el obispo de la diócesis D. Santiago García Aracil.

Liturgia

Conocidos son por todos los jabalquinteños y por muchos vecinos de los pueblos de la comarca, los tradicionales pregones litúrgicos que teniendo como referente las imágenes de Nuestro Padre Jesús Nazareno y María Santísima de los Dolores se celebran años tras año, desde hace más de tres siglos, en el templo de la Encarnación de nuestra localidad, en la madrugada de Viernes Santo.

Se trata de varios romances, redondillas y silvas que incluyen en el texto el relato de la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.

Es más que probable que se comenzaran a interpretar en el siglo XVII, ya que son de los de tipo “Artístico”, compuestos a mediados de este siglo.

En este acto litúrgico se intercala el tradicional “Sermón de la Madrugada”, hace siglos conocido también como “Sermón de Tercia”, del cual se escribió hace dos siglos lo siguiente: “Las gentes están separadas, y los hombres cuando hay sermón se sientan los unos en bancos y los otros, que son los más, en los extremos recogidos de sus capas para estar algo elevados”.

Mención especial merece el pregón de “El Paso” que interpretándose y escenificándose a las puertas del templo, hacia el mediodía , es seguido año tras año por cientos de devotos y curiosos que vienen de muchos lugares..

María Santísima se arrodilla, se acerca, abraza y despide a su Hijo antes de su Crucifixión.

Jesús clava su mirada amorosa en su afligida Madre y en sus hermanos mientras bendice a todos y se retira para dar fin a su Pasión.

La fiesta en honor de nuestro patrón se celebra en la actualidad el día veintiséis de julio, con su fiesta religiosa por la mañana y la procesión al caer la tarde, aunque hace ahora medio siglo, se celebraba a finales del mes de mayo. Parece ser que el cambio de fecha se verificó para que pudieran participar y disfrutar de ella, los jornaleros, que por aquella época del año segaban, acarreaban, sacaban y almacenaban el grano en los graneros.

Anecdotario

Según se ha podido escuchar de labios de nuestros antepasados, en una ocasión llegaron al pueblo, en las postrimerías del siglo XIX, unos tratantes de ganado que después de haber visitado el templo y orado ante los pies del Nazareno, pretendieron cambiar la imagen por otra de parecidas características.

La voz se corrió entre el vecindario que acudió aturdido al lugar invitándolos gentilmente a abandonar cuanto antes la localidad, no sin antes recordarles la conveniencia de no volver jamás.

PREGONES LITÚRGICOS DE JABALQUINTO

Existen en Jabalquinto desde tiempo inmemorial, unos pregones que se interpretan en Semana Santa y que bien merecen, al menos, ser escuchados en alguna ocasión.

De su origen habla con autoridad Dª Encarnación Sánchez García en su obra: “Los Pregones y el Paso de Jabalquinto: de las pasiones medievales al teatro del siglo de oro”.

Se trata de varios romances, redondillas y silvas que incluyen en su texto, el relato de la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.

Se cree que se cantaron por vez primera en el siglo XVII.
Por la importancia que tienen, hagamos mención al contenido de estos.

Primer pregón de Viernes Santo
Narra la Última Cena de Jesús con sus apóstoles, el día en que instituyó la Eucaristía.

De forma sencilla y trágica a la vez describe con nitidez, el camino de Jesús con la cruz a cuestas hacia el Monte Calvario.

Cuenta el dolor y la amargura de las “Tres Marías”, al pie de la cruz.
Se trata de un romance de los de tipo “Artístico” de mediados del siglo XVI o comienzos del XVII.

Tiene treinta y cuatro versos, que riman en asonante los pares, quedando libres los impares.

Este romance, es de los compuestos por los llamados poetas cultos, los cuales, aplicaban el metro octosílabo.

Una noche en la Pasión
antes de la madrugada
el Hijo de Dios Eterno
Un convite celebraba.
El convite era del cielo
que el Padre Eterno ordenaba.
Mandó recoger urgente
y a sus discípulos llama
y ya que los vio tos juntos
De esta manera les habla:
¿Quién de vosotros amigos,
morirá por mi mañana?.
Unos a otros se miran
ninguno respuesta daba
sino que San Juan Bautista
que predicó en la montaña.
A mi buen Jesús lo llevan
por una calle muy larga
con dos cordeles al cuello
donde los judíos tiraban
cada vez que tiran de El
mi buen Jesús se desmaya.
No desmayes buen Jesús
que ésta será la jornada
que allá en el Monte Calvario
las tres marías te aguardan
una es la Magdalena
y otra la Santa María.
Una le limpia los pies
otra le limpia la cara
la otra recoge sangre
la que más dolor mostraba.

Segundo pregón de Viernes Santo

Nada más comenzar, el anónimo autor, nos hace una presentación del “Reo”, del “Redentor”, de la “Eterna Sabiduría”, para seguir con una narración que describe la necesaria muerte del Hijo de Dios y de María.

Continúa con la amargura de Jesús en el “Huerto de los Olivos” y termina con unas palabras de ánimo al “Dulce Dueño” y “Fino Amante”.

Cuarenta versos contiene este segundo pregón.
Se trata de diez redondillas unidas y su origen data del siglo XVI.
Rima el primero con el cuarto y el segundo con el tercero.

El prendor del Padre Eterno
y eterna Sabiduría
Jesús, Hijo de María,
Rey del cielo, tierra e infierno.

Ya sabes Rey Soberano,
que es la Excelsa Trinidad,
para darle libertad
a todo el genero humano.

Decretó que descendiera
y carne humana tomara,
con los hombres conversará,
y que por ellos muriera.

Por ti fue el hombre creado,
y Tu fuiste el fiador,
pues considera Señor,
a lo que estás obligado.

Ya que el plazo se ha cumplido
y ahí está la redención,
da principio a tu Pasión,
para pagar lo debido.

Mira que las justas almas,
que dentro del Limbo habitan,
con suspiros solicitan,
del cielo tener la palma.

Abre las puertas del cielo,
con las llaves de esa cruz,
gocen de la eterna luz,
los que estén con desconsuelo.

Ese Cáliz de amargura,
Expreso le ha de gustar,
con él ha de remediar
a las humanas criaturas.

No temas el padecer,
no rehuses el morir,
que si el hombre ha de vivir,
padeciendo Tú ha de ser.

Entra en batalla animoso,
Dulce Dueño y Fino Amante,
Resucitarás triunfante,
Entrando en él tan glorioso.

Tercer pregón de Viernes Santo

Treinta y dos son los versos que utiliza el anónimo autor para poner en boca de Poncio Pilatos los cargos y la sentencia que llevan a la muerte a Jesús el Nazareno.
Explica cómo ha de cumplirse esta primera sentencia del Cesar Marcos Cornelio.
Parece tratarse de una silva, que a causa de su transmisión oral se haya ido deteriorando.

Yo, Poncio Pilatos, que presido,
la Inferior Galilea y su Partido,
por el Sacro, Real, Romano Imperio:
juzgo, sentencio y condeno
a muerte afrentosa de cruz
a Jesús el Nazareno.
Porque quiere hacerse rey,
El hijo del carpintero.
Porque niega los tributos
de vuestro César Tiberio.
También pretende le aclamen,
Hijo de Dios verdadero.
Predica falsa doctrina
y dice por cosa cierta,
que ha de derribar el templo,
y que sólo entres días
ha de edificarlo nuevo.
Así entró en Jerusalén
con la aclamación del pueblo.
Por tanto Marcos Cornelio,
su primera sentencia manda,
que lo lleven por la calle,
atado ligado y preso,
con su propia cruz al hombro,
hasta llegar al Calvario,
y en medio de dos ladrones,
que con El van sentenciados,
donde su cruz enclavados,
afrentosamente muera,
pagando así por su vida,
el delito y el pecado.
Pues quien tal hizo que tal pague.

Cuarto pregón de Viernes Santo

Es el más corto de todos los pregones y además el último que se interpreta en la madrugada del Viernes Santo; el que precede la salida de Jesús del templo, seguido de su Madre María.

Sólo tiene veintiún versos. En ellos el autor se compadece de Jesús “Sabiduría” y “Hermosísimo Hijo de María”, por haber sido sentenciado, arrastrado y escupido. Termina haciéndose eco de la voluntariedad en la muerte de Jesús.
Se trata de una silva, versos endecasílabos y heptasílabos que riman a gusto del poeta; el mismo incluye un verso suelto.

Esta es la sentencia irrevocable,
el arcano de Dios indisputable.
Cumplida la más cándida sentencia.
Mandó el justo juez al Padre Eterno,
no estorbando el presunto amor paterno.
Que su Hijo Jesús, Sabiduría,
Hermosísimo Hijo de María,
a muerte de cruz sea sentenciado,
azotado y de espinas coronado,
y del ingrato pueblo encarnecido,
arrastrado y escupido.
viendo a su Madre Dolorosa,
afligida y llorosa.
y que esté vivo y pendiente,
desnudo y avergonzado el inocente.
Mandan que sea puesto en un madero,
el Mansísimo Cordero.
Y que lleve la cruz hasta el Calvario,
caminando a la muerte voluntario.
Manda que expire Cristo, eterna luz,
y que su vida de la Santa Cruz .

Pregón de la Soledad

Nos conmueve el corazón María en este pregón, al mencionar su desventura, su desamparo, su soledad, tras la muerte de Jesús. Le recuerda que debe visitarla en el Cielo y que le abra sus puertas después de su resurrección.

Los veinticuatro versos que contiene este pregón tienen idéntica estructura que el primero de la madrugada. Se trata pues de un romance, en el cual riman en asonante los pares. Su origen se fecha entre el siglo XVI y XVII.

Hay todavía otro pregón que no se ha podido recuperar y que se cantaba la tarde de Jueves Santo, después de la celebración de la Eucaristía justo antes de la salida del Santísimo Cristo de la Humildad, “Amarrado”. Todos los esfuerzos hechos para su recuperación han servido de poco debido al corte generacional producido en la familia que lo interpretaba.

Hijo mío muy amado,
ya quedo desamparada,
quedo huérfana y sin Hijo,
que haré yo sin tu compaña,
a la ciudad me retiro,
para llorar mis desgracias,
que en el mundo no habrá otra
Madre más desventurada,
ni mucho más afligida,
llena de angustias amargas,
porque ha perdido de vista
el sol y la luna clara.
Son tu rostro y tus mejillas,
que a los ángeles encanta.
Hijo para consolarme,
a hacerme visitas vayas.
Abre las puertas del Cielo,
que hacen días están cerradas.
Y que allí los Santos Padres,
te esperan con eficacia,
hasta que Tu del sepulcro
ya resucitado salgas,
que con tu Resurrección,
resucitarán las almas.

Pregón de “El Paso”
Mención especial merece el pregón de “El Paso”. Son diecisiete versos que se repiten.

Este pregón se interpreta, mientras las imágenes de Jesús Nazareno y su Madre, María Santísima de los Dolores, se encuentran, se acercan y se abrazan a las puertas del templo.

Todo el pueblo, unido a los cientos de curiosos que cada año nos acompañan, contemplan emocionados esta representación del “Eterno Abrazo” de Jesús y María en la Pasión.

Comienza el pregón con la Virgen arrodillada delante de Jesús, su Hijo. Más tarde María le habla tiernamente pidiéndole que le abrace. Jesús abre los brazos mientras que su Madre, sin tiempo que perder, se acerca para abrazarle. Durante el abrazo, el desconocido autor nos recuerda la sangre de Jesús derramada para redimir nuestras culpas.

Mientras se despiden, Jesús bendice a su Madre María y a todos los jabalquinteños hermanos suyos. Es preciso considerar que este pregón tiene melodía diferente al resto.


Ya está la Virgen María,
en el suelo arrodillada,
que le eche la bendición
el Redentor de las almas.
Mira si tu mal es fuerte,
mira que pena es la mía,
que te van a dar la muerte,
Cordero del alma mía.
Mi Dios y mi Redentor,
en quien espero y confío,
por tu Pasión Jesús mío,
abrázame con tu amor.
Abre querido esos brazos,
Hijo de mi corazón,
para que sirvan de lazo,
en esta amarga Pasión.
Qué bellamente se abrazan,
el Buen Jesús y su Madre,
parece que entre los dos,
están repartiendo el Cáliz.
Tiernamente se despiden,
el Buen Jesús y María,
Hijo de mi corazón,
que angustia y que fatiga,
que por redimir al mundo,
perdió en cuanto hombre la vida.
Ya entra Jesús en su casa,
echando la bendición,
a todo aquel que lo asista,
en esta amarga Pasión.
Ya entra Jesús en su casa,
que no quiere más vivir,
sólo quiere por el hombre,
reinar antes de morir.

domingo 15 de febrero de 2009

LA LEYENDA DEL "ENCANTAO"


Antonio García Sanz

En plena Vega del Guadalquivir, en la ribera derecha según el curso del río y dentro del término municipal de Jabalquinto, se halla sostenida por el único cimiento del tiempo, una cueva morisca, aunque de origen romano, construida en piedra, que alberga en su interior un aljibe de idénticos rasgos.

Sabedores del conocimiento y dominio hidrográfico que los árabes poseían, cabe pensar, sin riesgo de equivocarse, que debió ser utilizada por nuestros antepasados y hermanos para regar las próximas y fértiles tierras circundantes.

Una higuera ancestral se erige, placentera, entre la maleza que abraza la cueva.

La única vía de acceso es una veredita estrecha e inclinada que nos conduce hasta su misma boca.

Como único testigo, un estrepitoso vacío entrerramado, que deja entrever el sereno discurrir de unas aguas sabedoras del largo camino que aún les queda por recorrer.

Un fino y corto hilo de agua cristalina se desliza, diligente, para unirse definitivamente a sus compañeras de viaje.


ANTECEDENTES HISTÓRICOS



De este bello paraje, recubierto hoy de álamos y olivos, ayer de tierra polvorienta y espadas entrelazadas; daba cuenta el historiador local Mateo Francisco de Rivas, en su “Memoria Histórica sobre la villa de Jabalquinto”, allá por el año 1.797, de la siguiente manera:

“Existen en sus inmediaciones ciertos desmantelados terrenos de su fuerte y famoso castillo llamado Esclamel por la historia general de España, que mandó derribar con su antemuro y reductos el Santo Rey D. Fernando, sin que le quedase otra reliquia que la mina de comunicación murada de arquitectura Gótica, que conserva por bajo del río Guadalimar con la torre de Mengíbar”.

“De Ventosilla, no ha quedado más monumento que el que se reconoce por cima de la huerta de su título con nombre de Encantado, el qual se reduce a una concavidad repartida en diferentes piezas circulares o anfiteátricas de construcción romana, de donde se han sacado columnas bien pulimentadas, figurones de fuente y ciertas monedas de oro y plata del emperador Vitelio”.

Continua narrando el citado historiador:

“De estas medallas o monedas antiguas se han encontrado varias en este término, sin conocerse el sitio ni ser de interés, a excepción de ciertas arábigas de oro y plata sin estudiar, de que conservamos exemplares por raros y apreciables, y otra de igual mérito y última especie hallada en las ruinas de ossigi o Ventosilla del Emperador Aulo Vitelio Germánico, hijo de L. Vitelio, sucesor de M. Salvio Oton, año 69 de C.”



LA LEYENDA


Pervive aún en la frágil memoria de los viejos del lugar la siguiente leyenda:

Era mediodía, El bochorno apuntillaba la tierna espalda de Luis, Juan y Teresa, que aporreaban silenciosos el polvo del camino entre descampados y olivos.

Teresa, custodiada por sus hermanos, sostenía celosamente en la centenaria capacha, el magullado puchero que contenía un bullidor cocido preparado amorosamente por la madre.

Entre Tomás y sus hijos mediaban dos largos e inclinados kilómetros todavía.

El padre, en lontananza, inclinaba una y otra vez su cuerpo sudoroso sobre a amarillenta mies recién segada.

Luis, el más pequeño, se agachaba de cuando en cuando a recoger las piedras del camino mientras los sabios pajarillos silvestres huían de rama en rama adivinando sus intenciones.

Ya divisan Ventosilla. El pilar recibe, cariñoso, el abundante chorro de agua subterránea.

Teresa, diligente, deja reposar cuidadosamente la desventurada capacha sobre el verde prado circundante; entre tanto sus hermanos chapotean el agua con las manos, clavando los ojos en el horizonte.

- ¡ Padre ¡, grita Juan, el mediano.

Tomás, reposado, se incorpora torciendo tímidamente la mirada sobre sus hijos.

Los cuatro, juntos como tantas veces, se sientan sobre el borde del sembrado. Y Teresa presenta la ofrenda al padre que la acoge pleno de regocijo. Sus pupilas centellean por momentos, clavadas en el deleitoso manjar recién caído del cielo.

Poco a poco el fondo del puchero va ganando nitidez. Ya se escucha claramente la metálica melodía. Los niños, estatuados, no consiguen apartar la mirada de su padre.

El sustento apenas engullido, unido al calor ineludible hacen pesada la siega para Tomás; quien profundo conocedor de la proximidad del “Encantao”, invita gentilmente a sus hijos a acercarse para llenar la desnutrida botija.

Los niños inmutaron cuando al dar vista a la cueva descubrieron la presencia de una bella dama cuyas extremidades inferiores habían adoptado la asombrosa forma de un pez.

- ¡ Una sirena ¡, deletrea Teresa, la mayor de los hermanos.

Los tres huyeron desapoderadamente, sin mediar palabra, hacia el lugar donde esperaba impaciente el sediento padre.

Una vez a salvo contáronle lo ocurrido, notando que el recipiente se hallaba repleto de la insólita e insípida agua cristalina.

miércoles 22 de octubre de 2008

NOCHE DE QUINTOS


Antonio García Sanz.

En la madrugada, mientras despiertan los dulces sueños de un niño travieso, se acerca en lontananza la voz siempre agradable del inquieto acordeón.

Se distinguen risotadas mezcladas con familiares melodías. De vez en vez un silencio, de cuando en cuando otro trago y otra nueva melodía.

-¿”Amos ase la Luisa”?
-¡”Amos”!.
- “Clavelitos, clavelitos, clavelitos de mi corasón...”

Paso a paso van recorriendo las pedregosas calles del pueblo con la dulce ilusión de rondar a la amada y la tibia esperanza de servir a la Patria.

-¡Viva la quinta del sesenta y tres!.
-¡Viva!.

El “zancas” con los dedos algo entumecidos por el intenso frío pero con el entusiasmo de siempre regala las alegres notas al cielo andaluz. Las vivas ascuas del cigarro quisieran calentar la noche jabalquinteña. Entre tanto el intrépido humo se confunde con la espesa niebla que impide ver más allá de la otra esquina.

Los “quintos” con sus trajes recién estrenados, algo deslucidos ya por el noctámbulo trajín, suben entrelazados “la cuesta de la botica”, camino de la plaza de abastos.

-¡Buenos días Juana!
-¿Dónde vais “condenaos”?, ¡vaya “nochesica” que habéis “dao”!.
-¡Ponte “catorse mansanillas”!.

Juana, “la de la manzanilla”, mujer buena donde las haya, prepara pacientemente los jarabes, que deben saber a gloria.


-¡Otra quinta más!
-¡Ea!.

Poco a poco las cuadrillas, acompañadas de los suyos, van llegando a “la carrera” y aguardan a Juan, el alguacil, que un año más abrirá de par en par las puertas del viejo ayuntamiento.

Hartos ya de deambular por los angostos y negros callejones y con las gargantas rotas del uso, los quintos esperan la llegada de don Francisco, el médico, para poder dar la talla.

El “zancas”, que ambienta la espera, muestra el cansancio en sus ojos mientras su mano diestra acaricia ágilmente las escalas del ronco acordeón.

¡Cómo han pasado los años!.

Aquel niño travieso de apenas cumplidos los cinco, vela ahora otros sueños, llevando siempre en el corazón, “la noche de los quintos” de su pueblo.

sábado 12 de julio de 2008

LAS CARRERAS ECUESTRES DE SAN ANTÓN

D. Cristóbal Moral Mimbrera, montando a "Morito" en los postigos de la "calle del viento", momentos antes de la carrera. (Foto álbum familiar).


Antonio García Sanz.


De mi conversación con D. Cristóbal Moral Mimbrera.

Hace más de setenta años y parece que fue ayer; dice Cristóbal, el panadero, clavando la mirada en su retrato ecuestre de la pared del comedor.

Este hombre, entrañable y afable, lleno de la sabiduría que regalan los años vividos me cuenta con ingenio y detalle, frente a frente, aquellas carreras del día de San Antón que hace tanto dejaron de celebrarse sin saber por qué.

“Aquel caballo negro, cruzao, tenía una sangre… No era muy grande pero era vivo como él solo. Parecía entender a la gente cuando le gritaban: ¡Ale Morito, ale!. ¡Qué bueno era el joío! “.

A Cristóbal le brillan los ojos y mirándome tímidamente continúa relatando, seguro de si mismo y entusiasmado.

“...Todo el pueblo estaba allí, en las lindes del camino del Camposanto.

San Antón era uno de los días más esperados del año. Entonces no había tanta diversión como hoy. Habría en el pueblo más de cien caballos y yeguas, pero no corrían todos porque no todos tenían cualidades para la carrera o porque sus dueños no los dejaban correr.

Aquel diecisiete de enero del treinta y seis fue un día muy frío. Había llovido bastante días atrás y todavía estaba el camino plagado de charcos.

Por la mañana le eché bien de comer y en cuanto merendé fui a la cuadra que estaba en los postigos de la Calle del Viento, en la panadería de Martín. Le coloqué la montura y me bajé al Llano, despacio. Cuando llegué había mucha gente; serían las tres y media, creo yo. “

Por momentos creo ver a Cristóbal a lomos de su “Morito” enfilando la recta que lleva hasta la meta. Al saliente, según el curso de la carrera, un mar de olivos expectantes sienten en sus entrañas el tambaleo de la tierra al paso de los caballos. Guadalimar y Guadalquivir, lejanos y ajenos, serpentean jubilosos entre los chopos tiznados de ocre y de luz.

- “¡Vamos Cristóbal que tienes que ganar!; me decían los amigotes.
- ¿Quién sabe eso?, pensaba yo, mientras calentaba, al trote, mi caballo.

A las cuatro en punto nos situamos, al paso, en la línea de salida y al bajar el pañuelo galopamos como locos por aquel camino de Dios, angosto y peligroso, con la mirada puesta en la meta. El corto trayecto parecía infinito. Pensaba que no llegaríamos nunca.

A media carrera un caballo tordo perdió las manos derribando a su jinete que magullado y embarrado hasta los ojos se apartó gateando del camino; ¡Qué alivio!.

Como cohetes de feria llegamos hasta la meta, marcada con una línea de yeso donde comenzaban las cuevas. El alborozo era tremendo y ensordecedoras las palmas de los espectadores que agolpados, intentaban averiguar quien había entrado primero.

El premio aún está por entregar, pero la honrilla de haber ganado la llevo guardada en este viejo corazón.

A la noche, nos calentábamos en las lumbres y bailábamos hasta el amanecer, rueda tras rueda, rondando a las mozas que aquel día no se sentían tan observadas.

Liábamos un cigarro, bebíamos unos vasos y después, aquí paz y allí gloria.

martes 13 de mayo de 2008

ANDAR Y ANDAR A TRAVÉS DEL XVII

Palacio de los Marqueses de Jabalquinto en Biarritz

Antonio García Sanz.

I. CUANTO MÁS NOS CONOZCAMOS MÁS NOS AMAREMOS

Conocida es por muchos, la historia de Jabalquinto en general, gracias a los distintos trabajos que sobre la misma se han venido elaborando y publicando a través de particulares y grupos de trabajo, apoyados por instituciones públicas o privadas. De esta forma, el sempiterno interés por dar a conocer lo descubierto, en el caso que nos ocupa, nuestra propia historia, pudo hacerse realidad.

Fue el historiador local Mateo Francisco de Rivas y Soriano, miembro numerario, en su tiempo, de la Real Academia de la Historia, quien de su puño y letra redactó, hacia 1796, una memoria histórica de la villa y marquesado, que corregida en 1816, se conserva hoy en la biblioteca de la citada academia, y que a través de mi entrañable amiga Encarnación Sánchez García llegó hasta mi en el verano de 1986.

Este manuscrito ha sido la principal fuente de investigación de la que nos hemos servido todos los que en alguna ocasión nos atrevimos a ejercer de historiadores.

La segunda fuente, es el archivo parroquial de la iglesia de la Encarnación, bien conservado y casi completo, a pesar de que en alguna ocasión, y con el beneplácito del párroco de turno salieron de él algunos ejemplares de bautismos, desposorios y sepelios para ser estudiados y que aún no han sido devueltos.


II. DELINQUIR PARA SUBSISTIR.

La crisis y decadencia que se sufre en la España del XVII, política, económica y demográficamente como consecuencia de la debilidad monárquica de la época y de las diversas guerras sostenidas económicamente con el oro y la plata importados de las indias, también se deja sentir en la villa y marquesado de Jabalquinto.

A fines del siglo XVI, Felipe III, concedió licencia a D. Manuel de Benavides para que pudiera plantar olivares y viñas en la “Vega del barco”. El prestigioso profesor e historiador Domínguez Ortiz opina que estos repartos eran normales y el objetivo de los mismos era proporcionar a los campesinos la estabilidad que deseaban y necesitaban. Sin duda dichas medidas hubieron de dar el resultado previsto ya que aumentaron de forma considerable los habitantes del pueblo. Quinientos cincuenta y tres eran los habitantes de Jabalquinto en la década de los noventa del siglo XVI, mientras que en la misma década del siglo que nos ocupa eran ya algo más de mil.

Eran frecuentes por entonces los robos de madera en “las matanzas”, la tala indiscriminada de encinas en los montes que circundaban el núcleo urbano y la caza furtiva con trampas y cepos en el coto de los marqueses por parte de la vecindad para poder proporcionar a sus familias haberes y alimento, siendo perseguidos por la guardia del marquesado que por entonces andaban sobrecargados de trabajo.

En el 1.626, el señor marqués reunió al concejo para reorganizar los arrendamientos y aprovechamientos agropecuarios. Un par de años después mandó la elaboración de un nuevo padrón de vecinos para mayor control de los habitantes y se ponía en cultivo la “Dehesa de los Ejidos”. Para un mejor control de las rentas se procedió a la medición y amojonamiento de todas las tierras labradas.

La mitad de siglo trajo consigo una gran mortandad en el pueblo, aprovechando el marquesado esta circunstancia para comprar fincas, principalmente de olivar. En aquellos difíciles años se mejoró de forma extraordinaria el control de las rentas y de los propios labradores y se redactaron las primeras relaciones de ingresos del marquesado.

III. SEÑORAS Y SEÑORES.

Manuel de Benavides III (1574-1617)

El tercer Manuel contrajo matrimonio con Dña. Catalina de Rojas y Sandoval, nieta del marqués de Denia y sobrina del arzobispo de Toledo. Participó en la batalla de Lepanto junto a D. Miguel de Cervantes y Saavedra, autor del “Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha” del cual celebramos ahora el IV centenario.

Este guerrero señor entró con sus vasallos jabalquinteños en el reino de Portugal para intervenir en su conquista. Pleiteó por el cortijo de Torrubia con su madre y hermanas, con algunos vecinos de Mengibar y también con los canónigos de Baeza. D. Manuel compró muchas tierras a los labradores libres de Jabalquinto y de Linares. En Granada donde también residió junto con su esposa compró muchas telas y ropas. Con él se consolidó el definitivo término municipal mediante la adquisición del cortijo de Gorgojí.

Juan Francisco de Benavides III (1617-1636)

Con Felipe IV como testigo, casó el segundo marqués de Jabalquinto con su sobrina Isabel de la Cueva en el 1622. Los escasos veinte años que D. Juan Francisco disfrutó del marquesado fueron de una intensa crisis económica. Entre las numerosas compras de joyas y los múltiples pleitos tanto con propios como con ajenos, llevaron a una parcial quiebra al marqués. Hombre preocupado en la correcta administración del señorío, reunió en 1623 al concejo para reorganizar todos los arrendamientos de sus bienes. Poco después ordenó al concejo la realización de un nuevo padrón del vecindario. En el invierno de 1634 falleció su esposa y sobrina, quedando como única heredera su hija Isabel Francisca, al haber muerto con antelación su hijo Juan. La muerte del marqués se produjo en 1636 aunque antes había iniciado diligencias para casarse con Dña. Leonor de Toledo y Benavides, parienta suya.

Isabel Francisca de Benavides (1636-1653)

Fue en principio su abuela paterna, María de Benavides, la que tuvo que tomar posesión del marquesado, ya que su nieta era menor de edad a la muerte de su padre. Hasta su muerte, la abuela llevó los asuntos de Isabel Francisca de forma bastante eficiente. Esta señora fundó un hospital en Baeza en 1637, pero su labor más destacada consistió en la unión de los marqueses de Jabalquinto y Villarreal con la casa del Conde-duque de Benavente mediante del matrimonio entre el conde de Luna, su hijo, con Isabel Francisca.

A partir de la segunda mitad del siglo XVII hay una fuerte pérdida de población en Jabalquinto debido a los abundantes fallecimientos que se produjeron, entre ellos fallecieron algunos servidores de los marqueses e incluso la propia marquesa, en abril de 1653, extinguiéndose así la línea directa de los Benavides.

El marquesado con los condes de Benavente

Cinco Benaventes se sucedieron a partir de 1653 y escasa la actividad bajo su dominio. Pasaron poco tiempo en el pueblo como consecuencia de la extinción de sus dominios. Con cierta peridiocidad nombraban administradores para que dirigiesen el marquesado y para la recaudación de las rentas. Terminaron la relación con este lugar con la venta de la finca del “el chaparral”. Compraron una parcela en Biarritz donde veraneaba por entonces la clase noble y construyeron un caprichoso palacete al que nombraron “Villa Jabalquinto”.


IV. AL SILENCIO DE LA PIEDRA SE GASTARON NUESTRAS VIDAS.

Varios son los edificios que ayer como hoy acompañaron las vidas de nuestros antepasados. Luces y sombras vivieron junto a sus muros. Alegrías y penas se diluyeron en sus interiores. Ilusiones y esperanzas forjadas en la fragua de la vida para ser lo que fueron.

El palacio de los marqueses, restaurado de forma afortunada recientemente, fue construido a finales del siglo XVI. Según Mateo Francisco de Rivas: “en el recinto del castillo, compuesto a lo mosaico de varios altos, patio de galerías y fortaleza en el centro, con sus torres y arcos, en la que está la mazmorra a la que fue necesario desmontarle su coronación y batería por lo quebrantada que quedó en el terremoto general del 1 de noviembre de 1755”. Continua diciendo el historiador local: “pudiendo gloriarse de haber nacido dentro de sus muros, la señora doña Antonia Quiñónez Cueva y Pimentel y Benavides en 1650, y en el de 1653, el Exmo. Señor d. Francisco Casimiro Antonio Pimentel, de la propia familia…”

Siguiendo el trabajo publicado por Dña. Ana Belén García Jiménez y Dña. Pilar Poveda Sánchez: “Enmarcan esta estructura un hermoso arco de medio punto sin remarcar la dovela central. En el plano superior y sobre la puerta aparece un balcón que parte el entablamento. Las jambas del balcón corren paralelas a las jambas de las puertas, es por esto y por la similitud que representa con los modelos baezanos por lo que pudieran ya haber existido desde el principio de la construcción, aunque a simple vista, se observan algunas reformas. El balcón está embellecido por una baranda de hierro forjado. Completan la decoración de esta portada dos escudos nobiliarios situados a ambos lados del balcón, sobre el entablamento en eje con las pilastras, labrados posiblemente con posterioridad. Estos escudos presentan una forma ovalada en cartela apergaminada, están sostenidos por dos tenantes y tienen colocada sobre ellos la corona condal. Representan los escudos de la casa de Benavides que define Argote Molina como los del león barrado”.

La Encarnación es un templo de unas dimensiones no muy exageradas. Se pueden distinguir a simple vista dos fábricas y dos épocas constructivas bastante distantes en el tiempo. La principal de las fábricas es de sillería y rodea el espacio de la nave, que a su vez está cubierta de una bóveda de medio cañón soportada por dos arcos fajones que se apean en sendos estribos. Tanto los arcos como la bóveda, de ladrillo, fueron construidos en tiempo del noveno prior, el licenciado Gabriel Jurado, allá por el año de 1642. Una monumental portada abierta al lado sur de la nave conecta con el interior del templo. Por su estilo, la portada recuerda diseños vandelvirianos.

La Ermita de Nuestra Señora de la Encarnación y San Juan Bautista fue construida por orden de la Sra. Marquesa Dña. Catalina de Rojas y Sandoval. La primera piedra la bendijo el que fuera entonces obispo de Jaén, Exmo. Cardenal de Sandoval, allá por el año de 1635; por entonces era cura ecónomo de la Concepción (hoy Encarnación), D. Francisco de la Fuente y Bergara. Esta pequeña ermita de estilo conventual, propio de la época, está situada extramuros de la antigua villa, cerca del palacio de los marqueses de Benavides y condes de Benavente. Se encuentra rodeada de una cerca de piedra de unos tres metros de altura. Su fábrica es de sillar y su planta rectangular. Su sencilla espadaña, de un solo vano albergó la única campana que convocaba a maitines a los jabalquinteños de entonces.

V. LOS QUE CURARON LAS ALMAS.

Al final del siglo XVI y hasta bien entrado el XVII, el hombre quiere creer, es imposible ser ateo en este siglo. La palabra ateo o ateísta no era más que el insulto mutuo de protestantes y católicos en su división de iglesias. Ateo es la religión del otro, pero ninguno podía asumirla en el sentido moderno, sencillamente, porque ese sentido no existía. Ateo era un insulto que causaba en el oyente un escalofrío, una palabra de grueso calibre; era, en rigor, todo aquel que no fuera papista. Por eso cuando alguien, con su fe intacta, se permitía la blasfemia de pensar, era asociado a un ministro del demonio, un supersticioso o un idólatra y sufría las consecuencias de la inquisición. Sin embargo, es patente la religiosidad de la mayoría de los ciudadanos, como demuestran los libros de registro bautismales, de fábrica y sobre todo el libro de la “Cofradía de Ánimas”, en el cual queda perfectamente reflejada la mala situación de los jabalquinteños de la época, por la incontable cantidad de limosnas que se repartían a la clase más desfavorecida.

En esta situación se hallaron no sólo los de aquí sino también los que desde otros lugares eran promovidos para curar las almas.

A continuación expondremos la lista de todos los priores que durante el siglo XVII trataban de acercar la Palabra de Dios y los Sacramentos a los feligreses de la iglesia de la Encarnación y algunos datos de interés, de la época de alguno de ellos:

1605. Alonso Vizcaíno y Mendoza. 3er. Prior.

1607. Dn. Juan Francisco. 4º prior.

1616. El Dr. Francisco y Medina. 5º prior.


1619. El mtro. Juan y Montoro. 6º prior.

1625. El licenciado Francisco de la Fuente y Bergara. Natural de la ciudad de Jaén. Fue prior de los Villares y de Villargordo de donde fue promovido a esta iglesia y fue su 7º prior. Tuvo comisión el Exmo. Sr. Cardenal de Sandoval, obispo de esta diócesis para bendecir la primera piedra de la Ermita de San Juan Bautista y Ntra. Sra. de las Mercedes extramuros de esta villa que se fundó en su tiempo, cuya licencia original y documentos que debe pasar a este archivo, está en el oficio de cabildo de esta villa.
Edificó la casa parroquial de la calle “del viento” que heredó Dña. Elvira del Moral y Ulloa, quien por su testamento cerrado que otorgó ante Bartolomé López Colmenero la dejó al priorato con la carga de una fiesta a la Natividad de Nuestra Señora.
Fundó dicho prior una memoria de una fiesta a san Francisco de Asís.
Murió en esta villa y está sepultado en sepultura distinguida que en aquel tiempo tenía esta iglesia para los priores.

1639. El mtro. Pedro del Valle. 8º prior. Fue promovido a San Isidro de la ciudad de Úbeda.

1642. El licenciado Gabriel Jurado. 9º prior. Fue promovido al priorato de Bailén y fue visitador general del obispado. Construyó la gran bóveda de ladrillo que hoy tiene la iglesia que estaba a “tejavana” e hizo la custodia y otras obras.

1649. El mtro. Juan Garrido de Arcos y Rus. 10º prior. Fue promovido al priorato de la villa de Jimena.

1656. El doctor Juan de Carmona. 11º prior.

1670. El mtro. Luis Mateo Garrido de Cabrera. 12º prior.

1672. El mtro. Dn. Valentín de Illescas Pelayo. 13º prior. Fue promovido al priorato de San Miguel de Andújar.
1675. Dn. Diego de Ulloa y Salto. 14º prior. Sobrino del prior Fuente. Fue promovido al priorato de Villanueva de Andújar.

1678. Dn. Bartolomé Jurado Lotario. 15º prior.

1680. El mtro. Francisco Antonio Marín. 16º prior. Natural de Jaén donde murió y está sepultado en San Lorenzo.

1682. El mtro. Cristóbal de Barrales Adalid. 17º prior.

1685. El mtro. Juan Francisco Troyano. 18º prior. Natural de Jabalquinto, prior de Tobaruela y beneficiado propio de la Iglesia Parroquial de San Miguel de Jaén, a cuyo priorato fue promovido. Fundó fiesta a San Agustín.

1690. El Dr. Dn. Miguel de San Martín Delgado. 19º prior. Natural de Jaén donde murió y está sepultado en la santa capilla de San Andrés.

1695. El mtro. Juan Francisco Troyano, segunda vez prior 20º. Murió y está sepultado en esta iglesia.



BIBLIOGRAFÍA Y DOCUMENTACIÓN.
Memoria Histórica de la villa de Jabalquinto Reino de Jaén. Mateo Francisco de Rivas y Soriano. 1816.

Jabalquinto, una pausa en la historia. SS.PP.Aproximación a la realidad socio cultural en Jabalquinto. 1992.

Historia del señorío y villa de Jabalquinto. Pedro A. Porras Arboledas. 1993.

Programa de fiestas. Ayuntamiento de Jabalquinto. 2001.

Archivo parroquial de Ntra. Sra. de la Encarnación. Jabalquinto.

jueves 3 de abril de 2008

LA BATALLA DE QANTISH




José Cruz Utrera

En el año 1009 tuvo lugar cerca de Jabalquinto una batalla muy importante entre dos ejércitos musulmanes antagonistas, ayudado uno de ellos por tropas cristianas. Este conflicto se engloba dentro de la “fitna” o guerra civil que ensangrentó la España musulmana o Al-Andalus, al final del califato de córdoba y que concluyó con la extinción y la ruina de dicho califato en el año 1031 (422 de la Hégira). Aquí es oportuno decir que la Hégira (huida) comenzó el viernes 16 de julio del año 622 en que Mahoma (Muhammad) huyó desde La Meca a Medina. A partir de esta fecha comienza la era musulmana. El año musulmán tiene 354 días, 8 horas, 48 minutos y 45 segundos.

Seguidamente, voy a narrar con detalle estos acontecimientos: Tras la muerte del culto Al-Hakam II, segundo califa cordobés (año 976), le sucedió su hijo Hisham II, monarca débil, que nunca ejerció el poder. El gobierno pasó a manos del ambicioso y astuto primer ministro (hachib) Muhammad Ibn Abi Amir, llamado Almanzor por los cristianos, ya que su sobrenombre (laqab) era Al-Mansur, “El victorioso”, el cual estableció una verdadera dictadura durante más de veinte años. Después de su muerte en el año 1002, le sucedieron en el cargo dos de sus hijos, sucesivamente: Abd al-Malik al Muzafar y Abd al-Rahman Sanchuelo o Sanchol, llamado así por ser nieto del rey de Pamplona Sancho Garcés II Abarca. Sanchuelo fue asesinado en el 1009 y durante varios años se produjeron muchas revueltas y motines en Córdoba. Numerosos pretendientes se disputaron el poder, que pasaba fugazmente de unas manos a otras hasta que el último califa Hisham III fue destituido en el año 1031. El califato cordobés se desintegró en numerosos reinos Taifas, independientes y rivales entre sí. De este modo se extinguió la gloriosa dinastía omeya, que tanto esplendor dio a la España musulmana.

Tras este resumen, volvamos a los acontecimientos que ocurrieron después del asesinato de Sanchuelo por los partidarios de Al-Mahdí. Un biznieto del gran califa Abd- al Rahman III, llamado Muhammad Ibn Hisham. Se hizo con el poder y tomó el sobrenombre de Al-Mahdí bilah “el guiado por Dios”, pero el trono le fue disputado por otro biznieto de Abd al-Rahman III, Sulaymán, de sobrenombre Al-Mustaín bilah “el que busca el auxilio de Dios”. Ambos se dirigieron a Burgos para solicitar la ayuda del poderoso conde de Castilla Sancho García, llamado “el de los buenos fueros” por sus súbditos cristianos, quien se decidió por apoyar a Sulaymán, el cual prometió entregarle muchas plazas fuertes musulmanas de la frontera del Duero. Sancho García suministró víveres a las tropas beréberes de Sulaymán, gran cantidad de ganado y mil carros de harina y luego se les unió con su propio ejercito.

Pasaron por Medinaceli y derrotaron a Wadih, gobernador de la marca media, cerca de Alcalá de Henares, prosiguiendo después su avance hacia Córdoba. Muhammad II al-Mahdí reforzó las defensas de la capital andaluza y salió al encuentro de sus enemigos con un heterogéneo ejército, en el que se habían alistado muchas gentes sin la menor preparación bélica. El choque se produjo el día 5 de noviembre del año 1009 (13 de Rabí del año 400 de la Hégira) en Qantish, entre el río Guadalquivir y Jabalquinto, que entonces sólo era una pequeña fortaleza musulmana, cerca del castillo de las Huelgas. La batalla fue un gran desastre para las tropas de Al-Mahdí, que perdieron más de diez mil hombres muertos o ahogados al intentar cruzar el río para escapar de sus perseguidores. Los 600 jinetes del conde Sancho García tuvieron un protagonismo decisivo en la victoria de Sulaymán.

Muhammad- al-Mahdí estaba ya perdido, huyó rápidamente y se escondió en una casa de Córdoba, donde se estuvo quieto durante algún tiempo. El día 9 de noviembre, Sulaymán fue proclamado califa en la mezquita mayor. Su primer gesto, que le honró, fue desclavar de una cruz el cadáver decapitado de Sanchuelo y hacer que le dieran una sepultura decorosa. Sulaymán al-Mustaín recibió con gran pompa en un salón del palacio al conde Sancho García, al que tanto debía, quien aceptó una demora en la entrega de las plazas fuertes prometidas. Después de algunos días, regresó a Castilla el 14 de noviembre, dejando en Córdoba a cien hombres bien armados, que fueron alojados en una magnífica almunia (palacio campestre) de los alrededores de la ciudad. Llevaba el conde cristiano todas las de ganar en este asunto y no ocultó su profundo desprecio por la actitud servil y la falta de valor de los musulmanes cordobeses. En el verano siguiente, en el año 1010, el conde Sancho García tomó posesión de más de 200 fortalezas, entre ellas Clunia, Osma, Gormaz, San Esteban, Cuenca del Duero, tierras de Segovia y de Sepúlveda. La nueva frontera se estableció en las sierras de Medinaceli y de Guadarrama, y los cristianos dieron un gran avance a la Reconquista. Varios años después, Castilla fue transformada en reino cuando Sancho el Mayor de Navarra la cedió a su segundo hijo Fernando I en el año 1032, que fue el primer rey de Castilla.

Se puede identificar Jabal Qantish, donde se desarrolló esta batalla, con Jabalquinto. En lengua árabe, Jabal quiere decir “monte” y Qantish se deriva del nombre latino Quinto. Es decir, que Jabalquinto significa “monte de Quinto”.