miércoles, 11 de abril de 2012

TODO UN SANTO (I)

                                               
                                                             D. José Marcilla Hernández

Antonio García Sanz

Esta historia sólo pretende perpetuar la memoria de un gran sacerdote, de un gran hombre que algunos tuvieron la dicha de conocer y disfrutar. Otros, a través de ellos, hemos descubierto su valía, en una sociedad deprimida y en un momento histórico difícil para todos.
Los nombres de los personajes, si la hubiere, sería pura coincidencia con los de la realidad. Algunas mutaciones en los hechos narrados sólo pretenden dotar al texto de sentido literario. Lo que importa lo descubrirá el corazón del lector.
Se vivía el final de la cuarta década del siglo XX. El hambre, ineludible compañera de la mayoría de los pueblos de entonces se acomodaba también en el nuestro. El aire cálido de aquella mañana de verano se apresuraba a calentar las piedras de las calles del pueblo. Las mujeres barrían las puertas y de cuando en cuando hacían un descanso para murmurar en corro. Faltaba década y media para que Don Jacinto trajera parte del plan de desarrollo después de duras negociaciones con el gobernador, en la mesa del rincón, del ya desaparecido “Ideal bar” de la capital del Santo Reino.
Don Fernando había anunciado en la misa del domingo la inminente llegada del nuevo párroco que hasta entonces ejercía de coadjutor en la parroquia de la Encarnación de Arjonilla, donde al parecer había dado muestras de su preferencia por las clases más desfavorecidas.

- Dicen que es joven y que viene a vivir solo.

- Pues habrá que arreglarle la casa.

- Anda que como no sepa guisar .

- ¿Qué vamos a hacer?.

- Ya nos la arreglaremos como sea.

- No lo vamos a dejar que se muera de hambre.

Era José hijo de una familia acomodada, que habían educado a sus hijos en el amor a Dios y al prójimo. Fue su padre, D. Manuel y su madre Dª Sagrario; el uno de Navarra y la otra de Burgos. Nació el 28 de noviembre de 1913 en Madrid. Habiendo conseguido, D. Manuel, cátedra de escuelas industriales, fue trasladado a Linares donde ocupó plaza en la Escuela de Peritos de la vecina ciudad. De niño jugaba con sus hermanos: Manuel, Julia y Purificación y con los demás niños de la vecindad, distinguiéndose por su bondad y gran corazón. Cuando ejecutaba una travesura, acogía el castigo de sus progenitores con alegría, con lo cual, la situación volvía pronto a la más absoluta normalidad.
Estudió bachiller en Linares, obteniendo brillantes calificaciones, e hizo carrera de peritaje en Madrid, cursando posteriormente estudios superiores de arquitectura. Consiguió algún dinero pero no era feliz. Realizó el servicio militar en “Transmisiones” (Madrid). Allí fue donde escuchó la llamada de Dios, ingresando en el seminario de Comillas en 1935.Tenía entonces 22 años.
Durante la Guerra Civil Española el seminario permaneció cerrado, retomando la carrera eclesiástica una vez terminada la contienda nacional, en 1939.
Fue ordenado presbítero el día 23 de julio de 1947 a la edad de 34 años. Celebró su primera eucaristía en la parroquia de San Francisco de Linares, el diecisiete de agosto del mismo año; diez días antes de la mortal cogida del diestro Manuel Rodríguez Sánchez ,“Manolete”, en el coso de Santa Margarita de dicha ciudad.
En Arjonilla dormía en el “Hotel Palace”, como él mismo denominaba al camarote de encima del batipterio.
Una familia de aquel pueblo le regaló una almohada donde pudiera reclinar la cabeza mientras dormía en pleno suelo y él la puso bajo la cabeza de un “Cristo Yacente”.
Alguien le preguntó por ella y si pensarlo demasiado contestó:

- Con tanta comodidad no podía pegar ojo.

Era fácil encontrarlo con los niños, con los pobres y con los enfermos. Con los primeros jugaba a menudo remangándose la sotana cuando era menester, y con los otros compartía tiempo y mantel. Por las noches oraba largas horas ante el sagrario.

- Viene un camión lleno de gente.

- ¿ Y a dónde irán?

- ¡ Os traemos un santo! Gritaban a coro en lontananza.

- ¡Viva D. José!. Decían unos.

- ¡Viva!. Respondían los otros.

El Camión Bedford, aparcó en la plaza del pueblo quedando al instante rodeado por decenas de vecinos. D. José acababa de llegar a su nuevo destino. Arjonilleros y Jabalquinteños, enarbolando la misma bandera, procesionaron hasta el templo, arropando a D. José, que saludaba con manos y cabeza a cuantos a su paso se asomaban a la puerta de su casa. Recibidos por D. Fernando, su predecesor, caminaron sigilosamente hacia el sagrario donde se postraron y rezaron un buen rato. Era el día 3 de julio de 1949. Sin saberlo, sólo tendría cuatro años para depositar su semilla apostólica en Jabalquinto.
Apenas llegado a su destino, caminaba un día por la “Calle Llana”, entonces “Calvo Sotelo”, escoltado por un par de feligreses. Había iniciado una obra en la parroquia y no tenía más dinero que el del “cepillo” del domingo anterior. Se acercó un hombre elegantemente vestido y metiendo la mano en el bolsillo interior de su gabardina sacó un sobre de color caña.

- ¿Es usted D. José?.

- Para servirle, señor.

- Tenga, un donativo para la obra.

- Que Dios se lo pague buen hombre.

Aligerando el paso torcieron la calle y llegando a la casa del albañil pagó lo que se debía hasta entonces.

- ¿Sabéis una cosa?, dijo al dar la espalda a la puerta.

- ¿Qué D. José?, preguntaron los acompañantes.

- Pues, que Dios tiene más dinero que un torero.

Los tres, entre carcajadas, se perdieron por los pedregosos callejones.

Una tarde desapacible de aquel enero del cincuenta, al llegar los monaguillos a la sacristía notaron en D. José un extraño semblante. El más atrevido, sin mediar saludo, le preguntó:

- ¿Qué le pasa D. José?. Tiene usted mala cara.

- Nada de importancia, juanillo, que tengo un agujero en el estómago.

- Vaya usted al médico a que lo ponga bueno.

Notando la preocupación de sus pupilos dijo elevando el tono:

- ¡Que no hombre, que me mata!.

- Subid a la camareta y bajadme una cajeta alargada que hay sobre el cajón.

Subieron ambos y bajaron la caja del Abate Hamón nº 18 que contenía unas hierbas medicinales que tomaba habitualmente para el dolor de estómago.

Preparó en el infiernillo eléctrico, fiel compañero suyo, aquella medicina. Nada más hervir, la vertió en un vaso de cristal no del todo transparente.

- ¿Queréis probar?

Los chiquillos se miraban uno a otro sin abrir el pico.

- ¿Que si queréis probar alguno?, repitío Don José.

- Bueno. Se atrevió juanillo a decir, después de haberlo pensado un rato.

Tomando el recipiente entre las tiernas manecillas, lo acercó hasta su boca.

No hubo tocado aún aquel líquido opaco la campanilla del pequeñuelo, cuando inició su camino de retorno hacia la pared de la sacristía.

- Pero, ¿qué pasa Juan?.

- ¡Que esto está más amargo que las tueras!.

D. José carcajeando le dijo:

- ¡Anda hombre, dame, dame!.

Bebió sin parpadear y relamiéndose los labios dijo:

- ¡Ay que cosas tan ricas nos regala Dios!.

Ambos pillines se miraron sin articular palabra.

Aquel invierno fue intenso, los campos recibieron abundantemente el beneficio de la lluvia.
Uno de aquellos días viajó D. José hasta la vecina localidad de Linares, a visitar a su familia, entre otras cosas. Tenía para este tipo de desplazamientos una vespa de quinta mano, que él mismo, virtuosamente reparaba. Aparcó aquel artilugio en la “Plaza del Ayuntamiento” y con sus zapatos desgastados de tanto caminar por su particular mundo de Dios atravesaba sin titubeos “La Corredera de San Marcos”, cuando una mujer asidua a la parroquia que se encontraba por allí de compras se dirigió a él:

- ¡Buenos días Don José!.

- ¡Buenos nos los de Dios, María!.

- ¿Dónde va usted con esos zapatos rotos, hombre de Dios?.

- Nunca llevo rumbo fijo; donde quiera Dios.

- ¡Vamos, vamos, pase para adentro!.

Después de mucho insistir, aquella buena mujer consiguió que le acompañara al interior de la zapatería.
Poco tardó en encontrar algo de su agrado y menos aún en recuperar la calle, recién calzado, no sin antes agradecer a la feligresa su generosidad y al dependiente su amabilidad.
Apenas había dado tres pasos cuando se dio de bruces con un hombre del pueblo que buscaba la espartería. Llevaba las alpargatas empapadas de agua y un tanto ennegrecidas del uso.

- ¿Dónde caminas, Alfonso?.

- A comprar un cabo de soga “pa” la jáquima.

- ¿Y usted, Don José?.

- Yo. Aquí luchando con estos zapatos que me están matando. Si te estuvieran bien me harías un favor bien grande.

No había terminado de hablar aquel pobre hombre, cuando ya se había descalzado, Don José.

- ¡Venga pruébatelos!.

- ¡Son los míos, Don José, son los míos¡.

- ¡No se hable más!.

Se apresuró a plantarse las ajenas alpargatas y en cuanto las tuvo puestas exclamo:

- ¡Ahora si que me he “quedao” a gusto!. ¡Qué descanso más grande!.

Zacarías, el comerciante, que había vivido la escena, desde detrás de los cristales, no dudó en tomar un nuevo par, atravesar la puerta y ponerlo en las manos de Don José.
Aquel crudo invierno fue remitiendo; atrás quedaron los desapacibles días, que poco a poco fueron dando paso a una luminosa y colorida primavera.
Todas las tardes, la chiquillería, se concentraba en las inmediaciones de la iglesia jugando los unos al fútbol y las otras a la rayuela. Don José siempre encontraba un momento para compartir con ellos. Peloteaba con la sotana remangada y dibujaba bonitas figuras de ”rayuela” con el primer yesón que cayera en su mano.

- Os prometo que cuando llegue el verano haremos una excursión al campo.

- ¿De verdad, Don José?, ¿De verdad?

- ¿Acaso creéis que yo puedo mentir?

- ¡0jalá que mañana fuera verano!, dijo Antoñito, entusiasmado.

Mientras, los días se alargaban, las noches se acortaban y al atardecer, el aire se llenaba de trinos de gorrión buscando su cobijo en el viejo eucalipto de la Plaza.

- ¿Sabéis que día es mañana?

- Sábado, dijeron algunos.

- ¿Queréis que vayamos al campo?

- ¡Sí!, contestaron a coro.

- Pues, a las diez de la mañana, Dios mediante, nos vemos aquí.

Desde bien temprano se oían las tiernas vocecillas de los zagales que merodeaban por los alrededores del templo.
Llegó D. José, pasaron dentro, rezaron un padrenuestro y un avemaría y pidieron a Dios que fuera con ellos.
Bajaron la calle de Nuestro Padre Jesús, y tomando el camino de la estación llegaron hasta los arroyos a cobijarse de los rayos del sol bajo el verde y frondoso manto de una gigantesca higuera. El cura y los chiquillos, degustando previamente los exquisitos frutos, continuaron sin demora su camino. Durante el trayecto contaba historias sagradas a los inquietos excursionistas que escuchaban entusiasmados su relato.
Entre actividades culturales, religiosas y lúdicas, al aire libre, apeonaban por el camino de los almendros rumbo al pueblo.
Mientras Juan Antonio, resoplaba sin parar, al ver de lejos el estrepitoso serpenteo de la cuesta, don José creyó escuchar a lo lejos la llamada de alguien. Pronto descubriría que se trataba de un hombre que arreglaba las matas cerca de “la encrucijada de los caminos” y que había divisado al grupo entre los olivos.

- ¡Pase usted don José y verá que sandías más hermosas estoy criando!.

- ¿Con todos estos?.

- ¡Pues claro, hombre!.

Don José pidiendo prudencia y recato a sus discípulos, hizo pasar a todos colocándolos alrededor de la choza, donde sentada cerca de una mesa de raro diseño, troceaba un par de tomates, la mujer del dueño del melonar.
Los pequeñuelos no apartaban la mirada de don José que caminaba entre aquellas largas hiladas verdes, escuchando atentamente las entusiastas explicaciones de aquel especialista en forraje.
Todos juntos, engulleron los manjares con que fueron obsequiados, reiniciando el camino que les llevaría definitivamente a la cima.
Entre cánticos y vítores llegaron al pueblo por el camino del tejar.

Ya hemos venido
Un poco cansados
Y con don José
Que bien lo hemos pasado.
Mucho hemos reído
Mucho hemos jugado
Y a Jabalquinto
Por fin hemos llegado.

Entraron en el templo, dieron gracias a Dios por haberle regalado este día inolvidable, y el grupo se disolvió como la espuma hasta una nueva ocasión.
No cesaba Don José en su intensa labor pastoral. Aún siendo hombre más de hechos que de palabras, la parroquia se llenaba de fieles en cada celebración. A algunos les incomodaba sus sermones, a otros, sin embargo les servían para crecer como personas y formarse como cristianos.
Muestra de su celo apostólico fueron “las misiones”, organizadas en el año 1951. Pensó que no vendría mal la buena disposición de los padres misioneros para curar espiritualmente a aquella sociedad de la posguerra que deambulaba entre la tristeza, la pobreza y el hambre.
Los padres Sarabia, Carrascosa, Labastida, Sebastián y Lucas, llegaron al pueblo respondiendo a la llamada del párroco que junto a un nutrido grupo de fieles salieron a recibirlos, el día de su llegada. Misas, charlas, retiros, rosarios, ejercicios, exposiciones, procesiones, etc, motivaban e iluminaban a la comunidad en este camino de espinas que la historia había dispuesto. Jabalquinteños y jabalquinteñas agradecían a todos su labor con cánticos como los que transcribo a continuación:

Que viva la palma
Que viva el romero
Que viva Don José
Y los misioneros.
Si los misioneros
No hubieran venido
Jabalquinto entero
Se hubiera perdido.

A los pocos días de aquel evento religioso, recibió don José la noticia de que un hombre se encontraba enfermo. Llevaba un tiempo sin poder trabajar y la familia no levantaba cabeza. Por la tarde al acabar la misa bajó hasta la cueva donde vivían.

- ¿Quién anda por aquí?.

- Pues ya ve usted, Don José.

- Me he enterado que estabas pachucho y he dicho: ¡voy a ver a Manuel!.

- Se lo agradezco mucho.

- ¿Necesitas algo que yo pueda hacer?

- Necesitar, necesitar, pues trabajar “pa” criar a los chiquillos, pero ahora…

- Bueno hombre, no te preocupes que no hay mal que cien años dure.

En estas estaban los dos mientras los chiquillos correteaban en la puerta de la cueva.

- ¡Nenes pasad “pa” adentro que ya es de noche y os vais a caer por el terraplen!, dijo la madre a sus hijos.

- ¡Ya vamos mama!.

Cuando entraron, don José bromeó con ellos y ejerciendo de mago sacó, a cada uno, dos reales de la oreja.

La cueva iba quedando en penumbra y María, presurosa, encendió el candil que descansaba sobre el desván de la vetusta chimenea.
Al tiempo de despedirse de la familia, don José sacó un cigarro, ya liado de su petaca y se lo dio a Manuel.

- Ya sabes que no debes fumar con esa tos que tienes, pero te doy este cigarro si me prometes que lo encenderás por la mañana.

- Como usted mande.

- Buenas noches tengáis, que Dios os bendiga.

- Buenas noches, don José.

No habría llegado todavía Don José a la vereda que llevaba hasta la calle, cuando Manuel, observando una y otra vez aquel extraño cigarro que había dejado la inesperada visita sobre la mesa, descubrió en su interior, muy bien acomodado, un billete de veinticinco pesetas. Con sumo cuidado lo extrajo del estrecho habitáculo, lo estiró y con visibles muestras de emoción lo dio a su esposa para que lo administrara.
Era también don José, párroco de Torrubia y sobre aquel artilugio mecánico sobre ruedas, que ya conoce el lector, se desplazaba semanalmente a celebrar la Eucaristía con aquellas buenas gentes.
Cuentan los más mayores la siguiente historia:
Era Domingo, y llegó para celebrar la Santa misa como de costumbre. Al terminar recibió, en la sacristía, la visita de don Dionisio.

- ¡Buenas tarde, Don José!.

- ¡Muy buenas tardes nos de Dios, don Dionisio!.

- Vengo a pedirle un favor.

- Usted dirá.

- Me gustaría que bendijera usted, si a bien lo tiene, la nueva granja que hemos construido.

- Eso está hecho en un "santiamén".

Se desplazaron hasta el lugar, seguidos por la muchedumbre. Al llegar al sitio, después de santiguarse, tomó el hisopo que llevaba el monaguillo y bendijo todos y cada uno de los rincones de aquel recinto. Pronunció una breve oración que terminó con el amén de la concurrencia.
Antes de despedirse se acercó don Dionisio y le preguntó.

- ¿Qué le parece a usted el aposento que le hemos preparado al ganado?

- El aposento está muy bien, don Dionisio.

- Ya sabía yo que a usted le gustaría.

- Si, si, pero lo que no me gusta tanto es que los animales vivan como debieran vivir las personas y las personas como debieran vivir los animales. 

Aquella diáfana y atrevida opinión no gustó demasiado al propietario. Los asistentes, algo alejados, comentaban el rifirrafe. El séquito se despidió pero no todo volvió a ser como antes.
Este hombre tan singular, continuaría aunque no por mucho tiempo, rigiendo los destinos de la Encarnación de Jabalquinto. Dejamos para otra ocasión otras muestras de su labor que aún son recordadas por quienes con él las vivieron.


























































































































sábado, 3 de diciembre de 2011

EL FOLKLORE POPULAR JABALQUINTEÑO


Comparsa de carnaval en la plaza del pueblo.


















Antonio García Sanz

La vida de los pueblos se dilata proporcionalmente al corazón de sus gentes; esas gentes trabajadoras que aún sin saberlo han ido sembrando grano a grano su cultura, en su escaso descanso, para que otros beban ahora los frutos de la cosecha de su tiempo y la presenten, orgullosos, a los demás como joya oculta y apreciada.
Doy las gracias de antemano a mis apreciadas vecinas vecinas: Paula, Pepa, Lucía, Angustias, Lola y especialmente a mi tía Paz y mi querida madre Mercedes que me cantaron tantas veces, entusiasmadas, poniendo a mi alcance gran parte de las letras de estas canciones populares que ahora ofrezco al lector. La mayoría de las coplillas de carnaval y de ruedas pasan de la excelsa memoria de mi amigo Francisco Escudero Soriano, al papel, gracias al amor que ambos compartimos por nuestro pueblo.

COPLILLAS DE ÉPOCA DE MELONARES.

En los pueblos que viven de la agricultura, como es el caso de Jabalquinto, muchos jornaleros pedían prestada al propietario un trozo de tierra para sembrar su melonar. Allí construían una “confortable” choza que hacía de hogar familiar mientras se desarrollaban las matas y crecían los frutos de su sudor. Después vendían los productos cosechados, en este y en otros pueblos vecinos, acarreándolos en cerones con bestias. Los niños y niñas entonaban alegres cancioncillas mientras paseaban por las calles del pueblo las sandías más hermosas, decoradas con dibujos realizados en la corteza con un objeto punzante: sol, estrellas, luna, escalera, números etc. Un canto de vela encendida, introducido en el corazón del fruto contribuía a la iluminación de los penumbrosos rincones del pueblo. Todavía recuerdo como se divertían, mi hermana Marípaz y sus amigas: Lucía Escudero, Lucía López, Estrella Sánchez, Concha Sánchez, Marí Patro Nofuentes, Pepi Martínez, Charo Ortega…

La que más sonaba:

Soy la farolera de la puerta del sol
cojo mi escalera y enciendo el farol
ya que está encendido me pongo a cantar
y siempre me sale la cuenta cabal.
Dos y dos son cuatro
cuatro y dos son seis
seis y dos son ocho
y ocho dieciséis
y ocho veinticuatro
y ocho treinta y dos
ánimas benditas
me arrodillo yo.

Otra decía así:

La calle ancha de san Fernando
tiene una fuente con doce caños
con doce caños de agua hermosa
para las niñas de Zaragoza
en Zaragoza lo que ha ocurrido
es que la calle ancha se ha caído
si se ha caído que la levanten
dinero tienen los estudiantes
los estudiantes no tienen nada
tan solo un plato para ensalada.

LAS COPLILLAS DE LAS RUEDAS

Ligadas a las fiestas religiosas de la Candelaria, San Antón y San Blas, que coinciden con la época de la poda del olivar, entre enero y febrero, los vecinos acarreaban con sus yuntas, haces de ramón, que iban apilando en las puertas de sus casas. Entrada la noche salían a la calle para encender la hoguera y vivir en torno a ella una fiesta vecinal y popular que los mozos y mozas aprovechaban para danzar en la rueda hasta altas horas de la madrugada. Esta situación era aprovechada en ocasiones por los mozos para acercarse a su moza e insinuarle sus amorosas intenciones.

La preferida de todos y todas:

Rio verde rio verde
rio de tantos colores
tantos como el rio tiene
así son todos mis amores.
Que salga la dama la dama a bailar
que salga la dama la de camelar
la de camelar la camelo yo
que salga la dama la dama soy yo.

Las gracietas de los mozos llegaban hasta este extremo:

“Esa que hay adentro échala afuera
porque tiene la pata de cantarera
dale con el “e” con el “e” con el hacha
dale con el “e” con el “e” que no se vaya”.

Bien conocida era esta copla que he podido ver en más de un cancionero popular:

Tiene la tarara un vestido blanco
que sólo se pone para el Jueves Santo.
La tarara si la tarara no
la tarara niña me la bailo yo.
Tiene la tarara unos pantalones
que de arriba a bajo todo son botones.
La tarara si…
Dice la tarara que va a ir de campo
ni tiene vestido ni zapatos blancos.
La tarara si…
Dice la tarara que se va a casar
no tiene vestido ni ramo de azahar.
La tarara si…
Dice la tarara que no tiene novio
debajo la cama tiene un san Antonio.
La tarara si...

Haciendo irónica alusión a los pretendientes:

Un Antonio me lo ha dicho
y otro me lo va a decir:
¡Jesús, con los dos antonios
lo que se acuerdan de mi!.

Esta copla se interpretaba para “tirar los tejos a las mozas”. Un pañuelo servía de medio para la ocasión:

Tiré tu pañuelo al rio
que será muy despreciado
recógelo de manera
por ser de tu bien amado ay, ay.
Así me lo pongo al lado
así a lo bandolero
así a lo sevillano
esta es la mujer que quiero ay, ay.
Que bonita está una parra
con los racimos colgando
más bonita está una niña
con catorce o quince años.
así me lo pongo…

COPLAS DE ENAMORADOS

Rondando alrededor de la lumbre y con semblante tímido, empujados discretamente por los más allegados, la nueva pareja terminaba en el centro, rodeada por todos, girando y girando sin parar mientras se entonaban cancioncillas como esta:

Esos dos que hay en medio
Que parejillos que son
Si la vista no me engaña
El novio y la novia son.

COPLAS DE CALABAZAS

Son coplillas cargadas de ironía de la moza para el mozo; se interpretaban cuando el mozo no era del agrado de la moza, aunque ateniéndonos a la letra parecen no dejar la puerta del todo cerrada a un posible entendimiento.

Eres alto y delgado como el hinojo
Y lo que tienes de alto tienes de flojo.

Con referencia al coeficiente intelectual de algunos:

Eres más tonto, más tonto
Eres más tonto que aquel,
Que llevó la burra al agua
Y la trajo sin beber.

Esta sin embargo trata el tema de la poca delicadeza de los mozos en el trato con las mozas:

Parecen los mozuelos con los abrigos
Burros aparejados que van a por higos.

Estas precisas y breves coplillas, interpretadas alternativamente por ellos y ellas, se mezclaban con el frescor de la madrugada ensalzándose en un debate musical que hacía las delicias de los concurrentes.

COPLAS DE CELOS

A veces surgían disputas entre mozas al compartir gusto por el mismo mozo. De este sentimiento insano nacían también bellas coplillas:

Estoy metida en un pozo
El agua hasta la cintura
Ella de pena se muere
Y yo con tanta frescura.

Esta es de fino ingenio:

Olé María tu novio
Me lo encontré en la carrera
Que venía de beber
Agua de” La Fuente Nueva”.

COPLAS DE LAVANDERAS

Hasta los primeros años de la década de los sesenta no llegó el agua potable hasta los hogares de Jabalquinto. Este preciado y escaso bien se compraba a los “aguaores” por cargas, medias cargas o cántaros sueltos. Los cántaros, recipiente de barro para transportar y reservar el agua, se depositaban en unos sencillos muebles, denominados “cantareras”, que situados en un lugar fresco de la casa, servían para saciar la sed de los que la habitaban. Lavar la ropa mediante cántaros de agua era demasiado caro y las mujeres se desplazaban a pie o en bestias hasta los pilares y fuentes, diseminadas en parajes relativamente cercanos a la localidad: Fuente Nueva, Ventosilla, Pilar Jardín, Palomarejo, etc. En el trayecto se entonaban irónicas y sencillas canciones. La muestra que se ofrece al lector servía para quejarse del mal estado en que se encontraba por entonces el ya desaparecido “Pilar de Ventosilla”, a unos dos kilómetros al sur de la localidad.

Jabalquinto ya no es Jabalquinto
Jabalquinto es la puerta del sol,
a Jabalquinto le falta un detalle
y ese detalle bien lo sabemos “tos”,
que le hagan un lavadero
“pa” que las mujeres vayan a lavar
y el pilar de Ventosilla lo dejen
que está hecho un puro fangal.
¡Ay que rebién”, ¡ay que atrocidad!
a Jabalquinto no le falta “na”.

COPLILLAS DE ACEITUNERAS

Existía en la antigüedad una fiesta, que aún se celebra, aunque de forma bien distinta, muy vinculada con la tradicional tarea agrícola de recogida de la aceituna. En ella participaban los aceituneros y aceituneras al terminar la campaña. Costeada por el propietario de las fincas de olivar se organizaba un ágape en el mismo lugar donde se producía el “remate”. En esta “Butifuera”, nombre que se le da a la fiesta, se entonaban ciertas cancioncillas de temas relacionados con la propia tarea. Aquí va una muestra:

De la uva sale el vino
de la aceituna el aceite
y de mi corazón sale, ¡ay!,
cariño para quererte.
Anda diciendo la gente
que nos queremos los dos
niégalo tu vida mía
que también lo niego yo.
Eres alta y buena moza
no te lo presumas tanto
que también las buenas mozas, ¡ay!,
se quedan pa vestir santos.
Eres más chica que un huevo
y ya te quieres casar
anda ve y dile a tu madre
que te enseñe a trabajar.

Esta otra, muy breve, la entonaban los aceituneros y aceituneras al regresar del “tajo” a sus casas por aquellos caminos de Dios, después de dar el jornal y con los capachos bien repletos de aceituna:

Aceituneros del pio pio,
¿Cuántos capachos habéis “cogío”?.
Capacho y medio
porque ha “llovío”.

COPLAS DE CARNAVAL

Ha decaído mucho esta fiesta callejera en nuestra localidad, pero en la antigüedad, cuando incluso llegó a estar prohibida, paradójicamente, los mozos y mozas se agrupaban en comparsas que alegraban y llenaban de colorido y vida, las calles del pueblo, con sus atuendos y coplas. Las coplillas, fantasiosas y atrevidas, ponían a prueba la imaginación de cuantos las escuchaban:

Las muchachas de Jabalquinto
están todas amarillas
de comer tocino añejo
y no probar la morcilla.
y nosotros le decimos
con muchísima razón:
el que no lo haya probado
aquí tiene la ocasión.

Esta es de muy buen gusto:

Quien quiera beber buen vino
que vaya “casa Bartolo”
que es el mejor que se bebe
en todito el territorio.
Nosotros lo hemos probado
y sabemos como es
por eso recomendamos
que vayan allí a por él.

Fue “Bartolo” un tabernero con fama de servir buen vino, al menos eso parece según lo que cantaban las comparsas en la puerta de la taberna, cuando se despedían después de tomar un trago, antes de seguir con el trajín callejero.

Otra más:

Ángel pintado tiene grandes bodegas
el que trae el vino a “Rajatelas”.
con alegría le vamos a decir
que nos eches un trago
que nos vamos ya de aquí.

Como bien podemos deducir, la comparsería, ni perdía el tiempo, ni pasaba sed. Bien parece, de igual modo, que cohabitaban en el pueblo por entonces un buen número de tabernas; en este caso la de “Rajatelas”, donde apagarían su pena y sed nocturna los hombres del pueblo, mientras Ángel Pintado hacía su agosto particular.

COPLAS DE FAENAS AGRÍCOLAS

Si es usted de Jabalquinto, querido lector, sobra la explicación. En el caso de que no lo sea, le conviene saber que estos parajes rurales, por la excelencia de sus tierras y la benevolencia de su clima hacían crecer “siembras” de extraordinaria vitalidad produciendo gran cantidad de grano. Hoy sin embargo se ven cubiertas de olivares como la práctica totalidad del término.
Los jóvenes jornaleros rivalizaban mientras segaban el grano; entre tanto el propietario con su irónica sonrisa parecía complacido.

Esta coplilla desvela la antesala del tiempo de la siega:

Porque en “las Rozas”,
en “los Carchales”,
y también en “el Chaparral”
se crían trigos tan resistentes
que a todos ellos hace sudar.
Los de las eras están preparados
y todo el pueblo en general
esperando que llegue junio
para poderlo recolectar.
¡Vaya un año hermoso que nos ha "mandao" Dios!.

COPLAS DEL ROSARIO DE LA AURORA

El rosario de la aurora se celebraba al alba y partía de las puertas del templo o Parroquia de la Encarnación recorriendo las principales calles de la localidad. Tomó gran auge con la llegada de los padres misioneros (Labastida y Sebastián) que vinieron al lugar para celebrar las misiones en los primeros años posteriores a la finalización de la Guerra Civil Española. Cantando el rosario, mayores y jóvenes recorrían las calles del pueblo. Al terminar la procesión los más bromistas aproximándose a las ventanas y balcones de los amigos y amigas ausentes, les entonaban canciones como la que sigue; ellos a su vez, les contestaban desde la cama aún no hartos de dormir y esquivando las bajas temperaturas:

Los que van al rosario
no tienen frío,
los que están en la cama,
están arrecíos.
¡Viva María, viva el rosario
y viva santo Dmingo
que lo ha fundado!.
Al revés te lo digo
pa que me entiendas
y si no te lo crees
sube y me tientas.
¡Viva María, viva el rosario
y viva santo Domingo
que lo ha fundado!.

COPLA A SAN ISIDRO LABRADOR

Como pueblo de agricultores, Jabalquinto dedica fiesta a su patrón, San Isidro Labrador. Por la mañana se celebra solemnemente la fiesta religiosa con una Eucaristía y la posterior bendición de los campos desde la lonja de la parroquia.
Después de la comida de hermandad, que tiene lugar en algún bar-restaurante de la localidad, procesionan las carrozas, que engalanadas y decoradas con motivos relativos a las tareas agrícolas, recorren las principales calles de la localidad mostrando al espectador el arte y el buen gusto que caracteriza a nuestros habitantes. San Isidro, cierra el cortejo, ante el cual los más devotos piden fervientemente en sus oraciones por la abundancia de las cosechas. Los mayores aún entonan coplillas al santo.

Labrador si tu quieres
frutos del campo
los tendrás abundantes
con el rosario.
¡Viva María,
viva el rosario,
y viva san Isidro
patrón del campo!.
Labrador si tu quieres
fruto en el campo
rézale a san Isidro
patrón del campo.
¡Viva María,
viva el rosario,
y viva san Isidro
patrón del campo!.

COPLAS DE ROGATIVAS

En distintas ocasiones, a lo largo de la dilatada historia de nuestro pueblo se ha tenido que solicitar el influjo del cielo pidiendo el beneficio de la lluvia mediante fervorosas rogativas. El día 5 de marzo de 1931, los jabalquinteños, habiendo agotado ya la reserva de súplicas y oraciones, hubieron de sacar procesionalmente a la venerada imagen de su patrón, Nuestro Padre Jesús Nazareno, para volver a pedir el agua que tanto necesitaban. Dos años llevaban los campos sin recibirla y las pírricas cosechas no eran suficientes para alimentar a las desoladas familias. La cofradía de Jesús Nazareno custodia un documento redactado por un jornalero jabalquinteño que vivió intensamente aquellas jornadas de incertidumbre. En este documento, donado por la familia a la cofradía se relata con detalle todo lo acontecido:
“… y durante el trayecto, se cantan por centenares de voces, cánticos de alabanza al Señor, pidiendo misericordia y las lluvias beneficiosas para tanto sembrado.
Ya casi agotados, viéndose lágrimas furtivas en el semblante de muchos hombres y madres de familia, que al paso de tan adorada imagen de Nuestro Padre Jesús le imploran con todo su corazón remedio para sus inocentes hijos, amenazados por el ya referido fantasma del hambre”.
Esta copla de rogativas, de autor anónimo,nterpretada por "centares de voces”, niños y niñas del colegio acompañados de sus maestrosde la localidad, según reza el texto del documento.

AJesús le estoy pidiendo
con unas voces muy grandes
que nos riegue nuestros campos
que nos morimos de hambre.
oh Nazareno:
pues tú que subes
haz de las nubes
agua brotar
porque sin ella pereceremos
y moriremos de hambre mortal.
A pedir nos enseñaste
el alimento diario
y a dárnoslo te obligaste
en la cima del calvario.
oh Nazareno:
pues tú que subes
haz de las nubes
agua brotar
porque sin ella pereceremos
y moriremos de hambre mortal.
eres padre de los pobres
consuelo del afligido
y te pedimos perdón
y que riegues nuestros trigos.

jueves, 25 de marzo de 2010

CUMBRE NEVADA

 

 El frío invierno del 2007, blanqueó calles, tejados y emblemáticos edificos de la localidad mientras la chiquillería, perpleja, andorreaba y modelaba muñecos de nieve de gustos diversos.

martes, 9 de marzo de 2010

FRAY LUIS DE CABRERA (1671-1734)

Antonio García Sanz



Ermita de San Sebastián (Granada). Antigua rábita musulmana, cerca del Palacio Alcázar Genil.
Reedificada por el V.H. Fray Luis de Cabrera hacia 1715. (Foto: Excmo. Ayuntamiento de Granada).

Uno de los varones ilustres que han nacido aquí es el V.H. Fray Luís de Cabrera, hijo de padres pobres y bien inclinados, de los que salió perfectamente instruido en el temor de Dios, fuerte en los trabajos y noble de condición. Su primer ejercicio fue del campo, y habiendo hecho involuntariamente una muerte, se refugió en el convento de la Victoria de Andújar, de donde pasó después a Málaga y tomando el hábito de la propia orden, vino otra vez a Andújar a seguir su noviciado, donde profesó el domingo 26 de diciembre de 1700.

Desde luego empezó a dar frutos de santidad y por su gran devoción al Santo Patriarca, “obtuvo la felicidad en el mismo Andújar de que se le apareciese, lo abrazara y consolase en cierta enfermedad que padecía”, diciéndole volvería a visitarle antes que muriese, según expresión de Fray Cristóbal Cañete, su director.

La obediencia lo destinó al colegio de Osuna en donde se hizo sumamente admirable por sus heroicas virtudes, distinguiéndole sus penitencias, el socorro de los pobres, y dirección de muchos que le buscaban deseosos de su eterna felicidad.

Sus confesiones ordinarias eran los domingos, miércoles y viernes de cada semana, y por expresión también del mismo director, “no se le encontró en estas suficiente materia para que recayese la absolución sacramental”.

En la penitencia fue rigidísimo, y tanto, que tratando de ella este último, dice que si su celda y coro pudieran hablar dirían las muchas veces que regó con su sangre uno y otro sitio. Su cama era una tabla, sin otro adorno que una estera y un leño; su vestido ordinario, y en todo conforme al primitivo rigor de la orden.

Con su asistencia a la iglesia y divinos oficios, edificaba, y su celo por el ornato y culto del Señor, incomparable.

Después de sus ejercicios se dedicaba a trabajar crucifijos y otras imágenes de piedra y madera de mucho gusto, haciéndose así mismo Santo, fabricando santos. De estos, los que se conocen de su mano son: El señor San José, San Miguel y San Blas, del altar de nuestra Señora de los Dolores, de su convento del mismo Osuna, la Virgen de la Victoria y San Francisco de Paula, que están en la puerta principal de éste, la de San Juan de Dios, que está en el suyo, la de Nuestra Señora de la Caridad, en el pósito, y un Jesús Nazareno de la parroquia de Pedrera, sin otros que están en gran veneración. Su habilidad en esta parte y en la del pincel, era de un mérito especial, haciéndose tanto más rara por su delicadeza, que por la falta de principios que había tenido en ésta profesión, sucediendo lo mismo en la extensión de su doctrina, sin haber curado.

En sus ejercicios espirituales fue muy perseguido de Satanás, por quien en cierta ocasión que estaba haciendo el vía crucis, le tiró de una pared a otra del claustro, y arrebatándole en alto, lo arrojó por una ventana del patio del convento, levantándose el venerable, sin sentimiento ni la menor lesión.


Interior de la Ermita de San Sebastián (Granada). (Foto: Excmo. Ayuntamiento de Granada).


Reedificó la capilla de San Sebastián en la puerta de Granada, e instituyó la Cofradía del Vía crucis en el mismo Osuna, la propagó después en dicho Pedrera e hizo grandes conversiones, declarando contra el vicio en muchas ocasiones con estas voces: ¡Oh mundo, mundo, si conocieras a quien ofendes, haciéndole arrojar, sin consideración, cuajarones de sangre por la boca!.

Fue amante de los pobres y en su última enfermedad le volvió a visitar su Santo Patriarca, como se lo había ofrecido, dándole por su mano, el Santísimo Viático. Aunque llegó su muerte, quedó flexible y su memoria eternizada por sus hechos y prodigios, que están en la mayor parte autenticados.

Se ofreció por esclavo de la Santísima Virgen con el título de Dolores, firmando cédula con sangre de sus venas.

Se dice de una niña a quien llamaba ahijada, que preguntándole por su padrino a pocos días muerto, respondió: que era santo y estaba en el cielo; siendo aquella de tan corta edad que aún todavía no hablaba, ni volvió a hacerlo hasta su tiempo; también que a Francisco Moreno, le curó una mano desahuciada de médicos; y a D. Alonso González de un gran dolor que sufría; lo mismo a fray Juan de Monroy y otros baldados e incurables, así en vida como en muerte. Esta se verificó el día que señala la inscripción de su sepulcro que se halla colocada a la puerta de la sacristía de su colegio de Osuna, la que copiada es como sigue: “Aquí yace el V.H.F. Luís de Cabrera, religioso lego del orden de los Mínimos, natural de la villa de Jabalquinto Reino de Jaén, hijo de esta provincia de Granada, varón absorto en el amor divino y consuelo de los afligidos, raro en las virtudes de obediencia, humildad, penitencia y abstinencia, favorecido con singulares raptos e ilustraciones, murió en el Señor (pío creditur) en este colegio de la Victoria de Osuna en 23 de Mayo de 1734, de edad de 63 años y 35 de religión. Se erigió este mausoleo a piadosa devoción de N.M.R.VoF. Francisco Javier Higueras lector jubilado y calificador del Sto. Oficio Provincial de los Mínimos en la Provincia de Granada. Año de 1742”.

Nació este venerable en 1671 y fueron sus padres Fernando Cabrera y María Gallego, estuvo casado y de su matrimonio tuvo dos hijos que murieron antes de tomar aquel su estado religioso.


- “Memoria Histórica sobre Javalquinto Reino de Jaén. Por el Benemérito de la Patria Dn Mateo Francisco de Rivas natural de ella. Corregida por el mismo. Año de1816”. Artículo 4º, páginas 67, 68 y 69.

miércoles, 6 de enero de 2010

ESTUDIO PLUVIOMÉTRICO

Antonio García Sanz.




Jabalquinto tiene una extensión territorial de 72,03 Kilómetros cuadrados y en el censo actual, están inscritos 2.700 habitantes. Distribuida por criterios de ocupación podemos clasificar a la población de la siguiente forma:




POBLACIÓN ACTIVA------------ 950 HABITANTES------------ 35,19 %





POBLACIÓN NO ACTIVA-------- 537 HABITANTES------------19,89 %





POBLACIÓN OCUPADA---------- 863 HABITANTES------------31,96 %





EN SITUACIÓN DE PARO ------- 350 HABITANTES------------12,96 %





La densidad de población es de 37 habitantes por kilómetro cuadrado. Esta densidad es muy inferior a la media nacional (74 habitantes por kilómetro cuadrado) y a la de la comunidad autónoma andaluza (73,4 habitantes por kilómetro cuadrado).

De los 2.700 habitantes censados, 1.345, son hombres y 1.355, mujeres. El número de mujeres sobrepasa al número de hombres en las edades comprendidas entre los 25 y 29 años. El caso contrario se da entre los 75 y 79 años de edad.

La proporción es la siguiente:

- Jóvenes (0-14 años)- 22,40 %.
- Adultos (15- 64 años)- 63,50%.
- Ancianos – 14,10%.

Analizando los datos, la capacidad de trabajo es muy alta, porque el porcentaje de adultos sobrepasa al de ancianos y jóvenes. Consecuentemente hay una gran demanda de puestos de trabajo, no satisfecha, por el carácter temporal agrícola de los puestos que se ofrecen. Existe, por tanto, abundante emigración hacia las zonas costeras de la península mayoritariamente, a Castilla la Mancha, y a Francia, en porcentajes sensiblemente inferiores. Las consecuencias derivadas de tal situación provocan un importante paro estacional al no necesitarse mano de obra nada más que en algunos meses del año, principalmente entre los meses de Diciembre y Marzo; Una economía familiar dependiente de la climatología y un notorio fracaso escolar de los individuos en periodo educativo.

Jabalquinto se encuentra situado en la cima de un cerro que en su tiempo se llamó Geval Quantix, Monte de Quinto, según la teoría del profesor D. José Cruz Utrera, situado a una altitud de 481 metros con respecto al nivel del mar. El núcleo de población se halla a 38 grados, 1 minuto, 10 segundos de latitud norte y a 12 grados, 43 minutos y 20 segundos de latitud oeste. Con respecto a España, se sitúa al sur, y en Andalucía en su parte noreste. Surge en plena depresión del Guadalquivir como consecuencia del empuje alpino.

El estado del tiempo condiciona la actividad agrícola de sus habitantes e influye económicamente en las familias, ya que un adelanto o retraso en los cambios de estado atmosférico, puede dar lugar a pérdidas en las cosechas.

En su suelo predominan las calizas y el cultivo principal es el de olivar. También se cultivan: Algodón y cereal. Algunos habitantes disponen de huertos familiares, en terrenos propios, próximos a la localidad. En su época fueron importantes los melonares que hoy son muy poco frecuentes.

La lluvia, por tanto, condiciona sobremanera, la actividad de los jabalquinteños y jabalquinteñas. Por ello recabé y contrasté información sobre las precipitaciones de lluvia en el lugar, que hoy hago públicas.

Agradezco al Instituto Nacional de Meteorología, su disponibilidad para facilitarme algunos datos. También a los funcionarios de la ya desaparecida Cámara Agraria Local: D. Aurelio de Dios Vilches y D. Florentino Lérida Ruiz; y muy especialmente a D. Antonio García García y D. Tomás Sánchez Martínez; sin todos ellos jamás hubiera podido presentar este trabajo que sólo pretende saciar la curiosidad de todos aquellos que tanto dependemos de este necesario y escaso bien para nuestra subsistencia.


REGISTRO PLUVIOMÉTRICO (1951-2022)





































domingo, 29 de noviembre de 2009

SÍNTESIS HISTÓRICA


Antonio García Sanz.


1. SU HISTORIA
2. SU ESCUDO
3. SU NOMBRE
4. SUS HABITANTES
5. SUS MONUMENTOS
6. SUS PLATOS TÍPICOS
7. SU ARTESANÍA
8. SUS FIESTAS


SU HISTORIA

En principio Jabalquinto fue una torre musulmana cuyo objetivo primordial atendía a una doble finalidad: controlar y defender el vado del Gualdalquivir.
El cinco de noviembre de 1009 tuvo lugar dentro de lo que es hoy el término rural de Jabalquinto, la batalla de Quantix, relatada en la famosa crónica del condestable Lucas de Iranzo. El conde don Sancho, haciendo prodigios de valor, venció al caudillo Almadí, quedando en el campo de batalla, según el cronista unos 20.000 muertos. Probablemente la cifra no sería real puesto que para dar importancia a los hechos, el autor la debió aumentar conscientemente.
Los cristianos se instalaron en la zona y construyeron un castillo que en la actualidad no existe.
Según el historiador local Mateo Francisco de Rivas y Soriano, al tiempo de la fundación de Jabalquinto, existían dos poblados musulmanes: Estiviel y Ventosilla, cuya población acabaría desapareciendo, coincidiendo con el final del reinado de Alfonso XI. Posteriormente se realizó una nueva puebla que se debió a Día Sánchez de Biedma (1347).
A principios del siglo XVI apenas vivían en Jabalquinto 30 familias. En el siglo siguiente el número de familias aumentó a unas 150. Alcanzó su punto álgido en los primeros años del siglo XVII con aproximadamente 300 familias, no dejando de perder población a lo largo de la segunda mitad del mismo siglo.
Los años cuarenta, cincuenta y ochenta del siglo XVII fueron de una gran mortandad en el pueblo disminuyendo el número de sus habitantes.
El primer paso en la constitución del señorío de Jabalquinto, lo dio Día Sánchez de Benavides en 1406 al otorgar su testamento el cual cedía los bienes de su mayorazgo a su hijo primogénito, Men Rodríguez de Benavides, dejando los bienes libres (Jabalquinto, Espeluy, Estiviel, Ventosilla y Roda de Mengibar) a sus otros dos hijos, Gómez y Manuel. Siete años más tarde modificó el testamento, al entregar a Gómez los lugares de Mota y Valdematilla, con lo cual, Manuel, el hijo tercero, podría pretender formar un patrimonio independiente a partir de los bienes libres sobredichos.
La última marquesa de Jabalquinto fue María Josefa Alfonso Pimentel que detentó el señorío gran número de años (1763- 1834). Había casado con el noveno duque de Osuna, por lo que, tras este último año, las posesiones de Benavente pasaron a su primogénito; sin embargo, el marquesado de Jabalquinto se adquibrió al hijo segundo, Pedro Alcántara, que recibió los títulos de principe de Anglona y marqués de Jabalquinto.

SU ESCUDO

Cuartelado en cruz y coronado de corona real cerrada. Un castillo de oro sobre campo de gules, barras de gules y oro, tres ondas de azur sobre plata y caudillo árabe encadenado forman el escudo de la villa de Jabalquinto.


SU NOMBRE

Procede del Árabe y del Latín. Se trata de una palabra compuesta. La primera “Jabal” procede del árabe y significa monte y la segunda “Quantix” es el genitivo latino del nombre propio Quinto. Por tanto el nombre originario sería Jabalquantix cuyo significado es “Monte de Quinto”. Reforzaremos esta teoría con el significado de “Monte de Tariq” o “Gibraltar”.

SUS HABITANTES

El número de habitantes que en la actualidad figuran en el padrón de habitantes es de 2750. El gentilicio: Jabalquinteños y su superficie 73 kilómetros cuadrados.

SUS MONUMENTOS

La ermita

La Ermita de nuestra Señora de las Mercedes y san Juan Bautista fue construida por orden de la Sra. Marquesa Doña Catalina de Rojas y Sandoval en el año de mil seiscientos treinta y cinco. Este pequeño edificio religioso de estilo conventual, está situado extramuros de la antigua villa. Hoy, esta Ermita se encuentra desacralizada y acondicionada para vivienda, aunque no habitada. Su fábrica, de sillar, presenta una planta rectangular y un tejado construido a dos aguas. En el centro superior de la fachada, la espadaña, muy sencilla, conteniendo un solo vano y un frontón rectangular.

El palacio

El palacio de los Benavides fue construido entre los siglos XVI y XVII dentro del castillo o fortaleza medieval. En el siglo XIX se acometieron algunas obras que no afectaron a la totalidad del edificio. Fueron modificados los vanos y el balcón, así como el portalón de la entrada. La planta de este noble edificio es de forma rectangular. La parte posterior estaba ocupada por un jardín con su huerto. Recientemente restaurado, se ha convertido posiblemente, en uno de los más amplios y bellos ayuntamientos de Andalucía.

La iglesia de la Encarnación.

Este templo parroquial es de unas dimensiones no muy exageradas. Se pueden distinguir dos fábricas y dos momentos constructivos distantes en el tiempo. La primera de 1577 y la segunda de 1866.
La portada, enmarcada por dos grandes contrafuertes, está compuesta de un gran arco trasdosado, de medio punto, con clave resaltada, que lleva la inscripción: “Dedicatio conceptionis”. El arco queda flanqueado por dos columnas corintias acanaladas y en su mitad inferior bastones alternantes. Las columnas reposan sobre grandes basamentos; sobre ellas corre un entablamento con friso liso y jarroncitos sobre pedestales a los lados.
La portada la engalana un gran medallón de María Madre, sedente, con Jesús en su regazo.
Por su estilo, recuerda diseños de la escuela de Andrés de Vandelvira.


SUS PLATOS TÍPICOS

Como en toda la provincia y en Andalucía, los jabalquinteños han sabido a lo largo de la historia y aún saben comer como nadie, gracias a los productos y a la imaginación de quienes los tratan y elaboran. Podríamos enumerar un sin fin de platos que aún se siguen cocinando en los fogones de las cocinas jabalquinteñas. Mencionemos sólo los de más tradición culinaria:

- Andrajos o guiñapos
- Borrachuelos
- Huevos moles
- Tortillas de harina
- Magdalenas caseras

ARTESANÍA

Desgraciadamente no quedan vestigios de la labor artesana de nuestros antepasados.
Un par de personas mayores aún elaboran algunos objetos de esparto, por encargo, relacionados fundamentalmente con la agricultura, aunque en realidad ya no se utilizan: capachas, cestas, zapatillas…

PRINCIPALES FIESTAS

Las nuevas formas de convivencia han dado lugar en Jabalquinto como en la mayoría de los pueblos a que muchas fiestas que favorecían la relación íntervecinal hayan ido desapareciendo. Jabalquinto es un pueblo que siempre se ha distinguido por su alegría, por su buena acogida y por la participación ciudadana en los eventos más importantes.
Aún podemos ver al llegar los primeros calores del verano a algunas viejecitas tomando el fresco a la puerta de su casa, pero no podemos disfrutar ya aquellas carreras de caballos en el lugar del llano. Pocas son también las lumbres de San Antón, San Blas o la Candelaria que iluminan y calientan a calles y vecinos del pueblo. Tampoco los mozos y mozas juegan a la rueda como antaño.
La Semana Santa jabalquinteña, sin embargo, no ha dejado de crecer, aunque conserva, afortunadamente, sus señas de identidad : Pregones litúrgicos de Viernes Santo, Saetas desde los balcones y procesiones, plenas de sentir y devoción.
Oficialmente contamos en el pueblo con tres fiestas o eventos populares más o menos organizados desde las instituciones, junto a otras fiestas, menos señaladas, diseminadas a lo largo del calendario anual:

- Fiesta en honor de Ntro. Padre Jesús Nazareno. 26 de Julio.
- Romería de San Isidro. 15 de Mayo.
- Fiesta del Emigrante. Sin fecha fija en el mes de Noviembre.



BIOGRAFÍA:


- “Jabalquinto una pausa en la historia”. S.P. La realidad socio escolar en Jabalquinto.1992. Ceip Ntro. Padre Jesús.
- “Historia del Señorío y villa de Jabalquinto”. Pedro A. Porras Arboledas. 1993. Exma. Diputación Provincial de Jaén y auspiciada su edición por el Exmo. Ayuntamiento de Jabalquinto.
- “Memoria histórica sobre la villa de Jabalquinto, reino de Jaén”. Recogida por el mismo. Mateo Francisco de Rivas y Soriano. 1816. Manuscrito.
- Profesor, Ruiz Caliente. Diario Jaén

sábado, 30 de mayo de 2009

LA ERMITA DE LA CARRERA


Antonio García Sanz.



La Ermita de Ntra. Sra. de las Mercedes y San Juan Bautista, es conocida popularmente como “La Ermita de la Carrera” por haber sido construida en este enclave, antiguo paseo público (Carrer) de la localidad.

Fue construida por orden de la Sra. marquesa Dña. Catalina de Rojas y Sandoval, esposa de Manuel de Benavides III, nieta del Marqués de Denia y sobrina del que fuera obispo de Jaén y Arzobispo de Toledo, D. Baltasar Moscoso y Sandoval (1589-1665).

Este sencillo edificio religioso, hoy, en un estado de conservación deficiente, “fue bendecido por el licenciado D. Francisco de la Fuente y Bergara, prior de La Encarnación, el cinco de julio de 1637, en virtud de facultad concedida por D. Baltasar Moscoso y Sandoval” que en este tiempo confió las obras de la Catedral de Jaén al arquitecto Juan de Aranda y Salazar, de Castillo de Locubí. El citado prior, nombró mayordomo de la fábrica de la Ermita a Diego de la Guardia, vecino de la villa, el 29 de noviembre del mismo año.

“En 1722 se le añadió media naranja para la devota imagen de Ntra. Sra. de las Mercedes, remitida al efecto por D. Antonio Alfonso Pimentel, XI Conde de Benavente, y en el de 1779 un camarín, adonde se trasladó desde la parroquia la divina y milagrosa efigie de Jesús Nazareno, estándolo en el cuerpo o nave de la misma, la de San Antonio Abad, San Juan Bautista y San Marcos, traído éste de su ermita, a quienes entre año se hacen fiestas y rogaciones públicas, con lo que está siempre el santuario muy concurrido”.

De los bienes de la Ermita se conserva un inventario fechado el 17 de noviembre de 1796, encontrado en el archivo parroquial de la Encarnación en el año 1989. En él se enumeran todas las imágenes mencionadas por Mateo Francisco de Rivas y Soriano en su conocida “Memoria Histórica sobre Jabalquinto Reino de Jaén”, de cuyo texto se ha extraído el párrafo anterior.

En el inventario se puede leer también lo siguiente: “Se trajo la corona nueva de Nuestro Padre Jesús, con sus adornos y sus tres potencias, que pesa diez y siete onzas y media. La ha costeado Fernando Troyano por devoción y ofrenda que tenía hecha, habiendo fundido y aprovechándose para ello la corona vieja, cuya plata era tan inferior, que sólo le pagaron 12 reales. Se hizo con mi intervención”; manuscribe el que fuera entonces prior, Dr. D. Francisco Jerónimo Retana.

Este templo se vio gravemente afectado por el famoso terremoto de Lisboa ocurrido a las 9h y 20´ del día de “Todos los Santos” de 1755, que “ocasionó el hundimiento de su techo y de su suelo" por lo que sería devuelta al templo la imagen de Ntro. Padre Jesús, donde permanece en la actualidad como patrón de todos los jabalquinteños. El Mº. D. Felipe de Molina y Cabrera, 24º prior, natural de Baeza, fallecido en Jabalquinto el 25 de febrero de 1803 y enterrado en la iglesia parroquial de esta villa, hubo de acometer las necesarias obras de rehabilitación del templo.

En su interior se dio cristiana sepultura, en lugar distinguido, a los sacerdotes D. Blas de Ávila y D. Juan Ramón Conejero en 1814 y 1829, según se puede leer en el documento del archivo parroquial: “Serie cronológica de los Priores de la Iglesia Parroquial de Jabalquinto desde la creación de su curato en Beneficio. 1665-1955”.

Esta ermita, de reducidas proporciones, situada extramuros de la antigua villa, está rodeada de una cerca de piedra de unos tres metros de altura, construida en 1820, siendo párroco D. Francisco Hernández y Villa Sansón.

Siguiendo al profesor Ruiz Calvente en su artículo publicado en “Diario Jaén”, esta ermita es de estilo conventual, propio de la época, y presenta una fábrica de planta rectangular con el tejado construido a dos aguas.
Los estilos conventuales incluían frecuentemente un atrio frente a la puerta de entrada al templo y una cruz de piedra en las inmediaciones. Es bastante probable que “La Cruz de la Carrera”, retirada desafortunadamente de este entorno en la década de los setenta, formara parte de este conjunto artístico religioso.

La fachada se compone de una puerta con arco de medio punto, incluyendo una clave en forma de trapecio que resalta sobre el arco.

Alberga una pequeña cornisa sobre la que se centra un óculo y a ambos lados de este, destacan un par de piezas de sillar de forma rectangular.

En el centro superior de la fachada, una sencilla espadaña de un solo vano de medio punto y un frontón triangular.

En la actualidad se encuentra desacralizada y acondicionada como vivienda, aunque no habitada.

De no actuar de inmediato sobre este emblemático edificio, centinela secular de gentes, ríos, pueblos y caminos, perderemos sin sentido ni razón una buena parte de nuestras señas de identidad.


BIBLIOGRAFÍA:


1) Memoria Histórica sobre Jabalquinto Reino de Jaén. Mateo Francisco de Rivas y Soriano. 1816.
2) Archivo Parroquial de Jabalquinto.(APJ). Documentos varios.
3) Diario Jaén. Ruiz Calvente.